Hay alguien más…

Posted in Fantasías, Realidades virtuales, Tentación on 3 abril, 2020 by @Manolo_Blog

Los latidos del corazón de Berta se aceleraron…

Simultáneamente, una sensación en la que se mezclaba cierto desasosiego con una intensa excitación comenzó a manar de su sexo…

Para aplacar la tensión, decidió recostarse sobre la cama, separando sus piernas y exponiendo su coño… para dejar claro a quién quiera que fuese que iba a dejarse hacer…

El voyeur recibió el nítido mensaje… y transformó la aparente pasividad del que contempla en la distancia, en activa participación en el tablero del juego del deseo…

El extraño se acercó hasta los pies de la cama y separó aún más sus rodillas…

Berta, cubierta aún con su antifaz, pudo percibir con meridiana claridad el olor a vodka, arándanos, cuero y tabaco de su desconocido acompañante. Un chispazo de lujuria iluminó su cerebro: era Ricardo…

Joder… ¿qué demonios estaba haciendo allí? Ufff…. el morbo un repentino torrente de flujo que empapó su sexo y la colcha de la cama…

Imaginó su mirada… quizás clavada en los rosados y brillantes labios de su vulva… abiertos obscenamente… deseando ser penetrados… O quizás contemplando su abultado y palpitante clítoris… implorando ser acariciado por una lengua invasora… o mordisqueado por una boca experta y libidinosa.

Mírame bien… cabrón… fíjate bien en la exquisita belleza de mi coño… fíjate en su perfecta simetría… en la intrincada delicadeza de sus pliegues… en la casi invisible traza de vello púbico recién rasurado… en el olor que desprende como hembra caliente y cachonda que estoy… – pensó Berta para sus adentros.

El silencioso acompañente extendió su mano… y como el mismísimo Dios de La Creación de Adán, de Miguel Ángel, rozó con su dedo la bisectriz de su sexo, recorriéndolo desde la cima de su clítoris hasta los ocultos confines de su zona anal…

Berta no pudo evitar emitir un gemido que rompió el silencio que rodeaba la escena…

Su explícita muestra de excitación fue premiada con una incursión rápida y certera de la boca
de su compañero a sus tetas… a sus pezones… Estos fueron
lamidos, saboreados y mordisqueados, de izquierda a derecha… y de
derecha a izquierda… sin distinción de ideologías… ni cuotas de ningún género…

La impaciencia comenzaba a devorarla… ya no quería más estímulos… más prolegómenos… más jueguecitos. Lo que quería es que la follase de una puta vez… con deseo… con fuerza y vigor…

Y como su hubiese una conexión telepática con su socio… éste se levantó y se puso en pie…

El lento sonido de la cremallera del pantalón le anunció que el momento había llegado… y que ahora tendría que ser ella la que pusiese bien firme y a tono toda la artillería pesada que se escondía en la entrepierna de aquel hombre…

Su intuición femenina le anticipó que él se estaba masturbando… y eso la puso extremadamente cachonda… Allí estaba ella, con las piernas abiertas, deslizando sus dedos por su coño… tocándose sin miramientos… liberada por su antifaz de la censura de las miradas incómodas… masturbándose ante un desconocido que también estaba pajeándose… en su honor…

Y es que no hay mayor deseo que sentirse deseada… codiciada…

Berta estaba embriagada… y muy caliente y empapada… flotando en una nube de lujuria… Pero lo que no sospechaba… es que allí, oculta en la puerta de su habitación, alguien más les acompañaba…

Berta y el voyeur…

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Tempestad, Tentación on 20 marzo, 2020 by @Manolo_Blog

Berta, a cierta distancia, observó como Ricardo y aquella femme fatale rubia abandonaban el salón rumbo al jardín. Un arrebato de malsana curiosidad le impulsó a ocultarse tras las cortinas para observarlos…

Le sobró tiempo para confirmar, tanto por el lenguaje gestual de ambos como por la forma de tocarse al hablar, al reír, al ronear, que tenían demasiada confianza como para no haber tenido un affaire previo ya antes de aquella noche.

Y así, Berta fue consciente de que acababa de tocar la polla a alguien de quien ni sabía el nombre, y que ahora ese alguien charlaba animadamente con una francesita cincuentona a la que, con toda probabilidad, acabaría follando en alguna de las habitaciones de la casa familiar…

Qué curioso… sentía celos de un subnormal al que apenas conocía por tontear con una rubia petarda, y cuya osadía había provocado que se empapasen sus bragas.

Gracias a que aún tenía algo de ropa en la antigua casa familiar, y tras maldecir a los capullos de los hombres en general y a aquel jeta en particular, subió a su antigua habitación, a buscar recambio para su mojada ropa interior.

Mientras avanzaba por el pasillo, Berta percibió una extraña sensación: era como si alguien la estuviese siguiendo. Se detuvo en la puerta y se quedó en silencio, tratando de confirmar la presencia del misterioso acompañante. Pero la algarabía de los invitados de la planta baja impedía cualquier intento de identificación acústica. A pesar de estar convencida de que allí merodeaba alguien, decidió entrar en su antigua habitación.

Todo parecía seguir en su sitio, menos los almohadones del cabecero, que siempre estaban, para ella, mal colocados. Al ordenarlos, encontró el antifaz con el que solía dormir cuando trasnochaba. Como si de unas gafas de sol se tratase, se lo colocó en la frente, y para ver cómo le quedaba, avanzó hasta el espejo de pie que había en la entrada. Se miró, se requetemiró… puso morritos y posó en plan selfie de influencer. Y tras darse un “visto buena”, comenzó a rebuscar en los cajones del armario.

Allí encontró unas preciosas braguitas de encaje de color granate, quizás algo pasadas de moda para lo que es el actual estándar minimalista del G-string. Se subió la falda y empujó la ropa interior empapada muslos abajo, hacia los tobillos, moviendo rítmicamente sus hombros, e inclinando su cuerpo hacia adelante, como si de una caña de bambú mecida por el viento se tratase.

Y después de una coordinada secuencia de movimientos circulares de ambos pies, la húmeda lencería salió disparada, finalizando su vuelo en la repisa de la cómoda…

Tras recogerlas… se fijó en el primer cajón de la cómoda… Intentó abrirlo, pero algo lo impedía… Recordó que se trataba de su cajón secreto, que sólo podía accionarse apretando una moldura en el lateral del mueble. Activó el mecanismo y, oh, sorpresa, allí apareció su colección de juguetes prohibidos que tantas noches de placer le habían regalado. El azar decidió que asignase a su dildo de vidrio templado rosa realizase la clandestina misión de proporcionarle, allí y ahora, un profundo orgasmo que le hiciese olvidar las recientes penas… y penes…

Tras despojarse de la blusa y la falda, se sentó a los pies de la cama. Apoyándose en sus manos, inclinó un poco su cuerpo hacia atrás y separó levemente las rodillas…  Desde allí, podía verse reflejada en el espejo de pie.

Se miró… con calma… y de arriba a abajo.

Y entre mirada y pensamiento, se percató de que en el espejo se reflejaba la sombra de alguien que la observaba oculto tras la puerta de la habitación…

¿Pero quién era? ¿y por qué la miraba?

El morbo de ser vista, espiada, contemplada, la excitó aún más…

Para evitar que un inoportuno cruce de miradas generase temor en alguna de las partes y diese al traste con la situación, se enfundó el antifaz…

Separó un poco las rodillas, dejando expuesto su sexo… que volvía a humedecerse al fantasear con la posibilidad de que el voyeur estuviese excitándose con sus encantos.

Llevó una de sus manos a su entrepierna, y sus dedos comenzaron a hundirse en los pliegues de sus labios… y moviéndolos siguiendo un patrón de intensidad creciente, comenzaron a agasajar al clítoris con caricias circulares de hipnótico placer…

Se aplicó a fondo… Se imaginaba obscena, y encantadora, rozando y apretando el clítoris, cada vez más abultado, dejándose llevar por el deseo…  Cuando ya estaba a punto de sentir el latigazo del orgasmo, extendió una de sus manos, palpando con ansia la superficie de la cama en busca del dildo rosa…

Sus pezones, sensibles a la excitación del momento, las suaves cimas de sus tetas enhiestos y cada vez más duros… Mmm… lo que daría porque la boca furtiva de aquella presencia extraña se abalanzase sobre ellos y los mordisquease allí mismo….

Y justo cuando iba a introducirse el dildo en el coño… sintió un escalofrío al confirmar auditivamente que la furtiva presencia se adentraba en la habitación, cerraba la puerta y se detenía justo enfrente de ella…

 

Berta…

Posted in Deseos, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tempestad on 22 febrero, 2020 by @Manolo_Blog

La osadía del invitado me perturbó -¿por quién me había tomado?- y me gustó a partes iguales…

El contacto de su mano en mi pecho, aceleró mi pulso y generó una intensa sensación de calor que recorrió todo mi cuerpo…

Imagino que se dilataron mis pupilas… haciendo que brillase mi mirada…

Abrí levemente la boca, y mordí con sutileza mi labio inferior… que se humedeció al escapar inoportunamente un poco de saliva…

Pero lo que se humedeció de verdad fue mi sexo… especialmente cuando su dedo presionó mi pezón… Estaba totalmente excitado… y abierto… y caliente… y daría un Potosí porque fuese penetrado ya mismo… violentamente incluso.

Él quería más… y su mano izquierda quiso invadir las curvilínea superficie de mis nalgas… Pero aún no había hecho méritos para disfrutar de tal premio…

No…

Impedí con un sonoro golpe en el anverso de su palma la impertinente invasión… y tomé la iniciativa contraatacando con una incursión precisa y certera a su entrepierna…

Palpé su polla… tomando buena medida de sus formas y de sus supuestas habilidades…

Sí…

La calidad del género era buena…

Así que me incliné hacia adelante… acercando mi boca a su oído… y le susurré…

Un placer conocerte… soy Berta

Arriesgarse es ganar…

Posted in Deseos, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tentación on 20 febrero, 2020 by @Manolo_Blog
Sólo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos 
pueden descubrir hasta dónde se puede llegar.

T. S. Eliot

Estaban ocupados recibiendo al resto de invitados…

Como yo era de confianza, besé y pasé.

Mi amigo Quique dijo:

La de allí es Berta, mi hermana. Preséntate tú mismo.

Me acerqué…

Y sin mediar palabra, algo me llevó a obviar los dos besos de rigor y apretar su precioso pecho.

Ella no reaccionó.

Arriesgar es ganar.. y así fue…

 

Correrme sobre ti…

Posted in Deseos, Espuma, Fantasías, Lo que me gusta..., Tempestad on 7 diciembre, 2019 by @Manolo_Blog

Ya no podía aguantarne más… y bastante fue, para el excitante repertorio de posturas lascivas, gestos obscenos y juegos perversos que me ofreciste desde el primer momento.

Levantaste tus caderas… poco a poco… hasta liberar a mi verga de la cálida prisión de tu sexo…

Te echaste hacia atrás, descansando tus nalgas, humedecidas por una mezcla de sudor y deseo reciente, sobre mi abdomen…

Tu mano izquierda tomó el control de mi polla…

Tu espalda impedía que viese nada de lo que me estabas haciendo… así que cerré mis ojos… y me dejé llevar por las sensaciones…

Y sentí… sentí como apretaste tus dedos sobre su contorno, transformando lo que era una caricia inicial en un estrangulamiento en toda regla…

Me gustó…

Comenzaste a agitarla… suavemente al principio… aumentando poco a poco el ritmo…

Abriste tus piernas… separándolas…  y comenzaste a masturbarte, usando mi convulsa y palpitante polla como si de un consolador se tratase…

Sentí cómo te excitabas… cómo movías tus nalgas, deslizándolas sobre mi vientre de adelante hacia atrás… y cómo un torrente de placer viscoso brotaba de tu sexo.

Te sujeté por las caderas… para que no perdieses el equilibrio mientras combinabas con destreza sin igual tu paja con la mía… y la mía con la tuya.

Joder… qué placer tan intenso sentir cómo golpeabas tu sexo con el mío…  cómo hundías mi polla entre los empapados labios de tu coño para llevarla, con inusitado vigor, hasta las cercanías de tu abultado clítoris… con la intención de doblegar su insolente dureza sin piedad ni miramientos…

Y claro… tanto fue mi cántaro a tu fuente… que no tuve más opción que correrme sobre ti… 

Sexo anal…

Posted in Deseos, Emociones, Espuma, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad, Tentación on 17 agosto, 2019 by @Manolo_Blog

Mi hermana insistió en que la acompañase a un barbacoa en casa de unos amigos. No me apetecía mucho… pero esa tarde no tenía mejor cosa que hacer.

Llegamos. No conocía a nadie. Los anfitriones parecían cordiales en el trato. Él, de aspecto bonachón, locuaz… quizás algo dicharachero, no paraba de hablar (de esto, de lo otro) y de beber.  Ella, alta y delgada, aunque de musculatura definida, quizás por la práctica no esporádica de algún deporte; mucho más discreta en la locuacidad, tenía una mirada magnética que enseguida me atrapó.

La energía del anfitrión cayó a cero en cuanto terminamos de comer. Se tumbó en una hamaca que estaba al lado de la piscina y empezó a roncar. Mi hermana y la anfitriona prefirieron broncearse en las tumbonas. Así que yo… sin muchas más opciones, me zambullí en la piscina.

Tras un par de largos… me apoyé en un lateral, con el resto de mi cuerpo en el agua, y escudriñé el entorno. El roncador no daba tregua… mi hermana tumbada boca abajo parecía grogie… y la anfitriona… la anfitriona estaba recostada con el respaldo de la tumbona algo levantado… aplicándose bronceador en el perímetro de su escueto bikini… y mirándome… muy fijamente.

El cruce de miradas me produjo una leve erección… y lo que es más grave: provocó que la empezase a mirar como mujer… como hembra… Analicé sus curvas, sus labios… su vientre… la bisectriz de sus muslos… y se bloqueó mi mente con una sola idea.

De pronto se levantó, y se metió conmigo en la piscina… en el que pude ver de cerca toda su excitante y curvilínea anatomía…

De un salto, salió de la piscina y se dirigió al interior de la casa… y yo salí detrás de ella…

Entró en la cocina y se detuvo delante de la encimera…

Me acerqué a ella, empapado aún, hasta rozar con mi pecho su espalda, y con mi bañador sus nalgas. Noté como se aceleraba su respiración… a la vez que se aceleraba mi erección. No había duda: tenía que actuar.

Me retiré un poco hacia atrás y me despojé de mi bañador, no sin alguna dificultad, dado lo mojado que estaba y, sobre todo, por lo empalmado que estaba.

Sin prisa, pero sin pausa, le quité el bikini….

 

Me acerqué otra vez a ella… mi polla buscaba desesperadamente un acomodo en su curvilínea anatomía.

Pegado a su espalda, no pude resistirme a la tentación de acariciar sus tetas, apretando mis manos… y llevando mis dedos a la punta de sus pezones…

Rodeando su cintura, conduje directamente una de mis manos a su sexo… Sentí el roce de su vello púbico… la humedad de sus labios… la dureza de su clítoris y la calidez de su vagina.

El roce de mis manos provocó que empezase a mover sus caderas, como si estuviese bailasando, lentamente, apretando tus nalgas contra mi polla, que empezó a llenarse de deseo…

 

Se sentó en un taburete que había junto a la isla central de la cocina y se inclinó hacia adelante, apoyando los brazos en la encimera. Echó un poco hacia atrás sus caderas, alzándolas levemente, indicando claramente que deseaba ser penetrada por detrás.

Apoyé una de mis manos en su lomo, y la sujeté, con la otra por el pelo, como si tratase de cabalgarla…

Empujé hacia adelante, dejando libertad a mi polla para que buscase en la hendidura entre sus nalgas, una vía por la que penetrarla… Dependendiendo del ángulo de ataque, unas veces merodeaba los labios húmedos de su sexo, rozándolos, abriéndolos y provocando suaves gemidos de placer; otras volaba hacia el cielo impulsada por la vehemencia de mi deseo; pero en uno de mis intentos, logré hundirme dentro de su ano… Ella se estremeció… y yo experimenté una descarga de placer intenso que recorrió todo mi cuerpo… llenando mi cabeza con la única idea de penetrarla analmente…

Pero, justo cuando estaba impulsándome para invadirla por su retaguardia, ella alzó sus nalgas, y metiendo una de sus manos bajo sus piernas, acertó a agarrarme con fuerza la polla, con la evidente intención de someterla y llevarla hacia su coño.

Me gustó, y excitó, tal decisión e iniciativa… pero no estaba dispuesto a ceder en mi empeño… Así que me retiré hacia atrás para recuperar el dominio de mi polla; y asiéndola con mi mano izquierda, la conduje, ya sin paradas intermedias, otra vez hacia su ano.

Era deliciosa la sensación de tratar de introducirme en su cuerpo por donde ella no esperaba… o no quería. Así que intenté ser todo lo delicado que se puede ser en tal brete. Sin prisa… pero sin pausa, mi glande empezó a horadar su culito, que poco a poco iba relajándose, dilatándose y abriéndose para mi.

Al sentir como su culo claudicaba ante mi energía, de un vigoroso empellón, la penetré hasta el fondo.

De su boca brotó un gemido que mezclaba dolor y placer… o dolor y placer… lo cuál provocó en mi una señal de alarma, ya que podía estar yendo demasiado deprisa… y, ¿por qué no?, podíamos despertar a los dormidos en el jardín.

Pero ya habíamos superado el punto de no retorno, por lo que disipé las dudas incrementando la amplitud y la profundidad de mis embestidas…

Se revolvió un poco, como si pretendiese evitar lo inevitable… y tras sujetarla con fuerza, comencé a percutir en su cuerpo, sintiendo un extremo placer al ver como mi nabo se hundía una y otra vez, en toda su extensión, en su candente culito…

Pero estaba yendo demasiado deprisa para una operación que requería más estimulación y más lubricación.

Fue entonces cuando ella, usó una de sus manos para separar sus nalgas, como si del Mar Rojo se tratase, facilitando la penetración…

Poco después, comenzó a acariciar con cierta vehemencia su clítoris… Mmm… qué gusto sentir el sutil sonido de mis huevos chapoteando en cada acometida en sus húmedos labios de su coño….

MMM…. qué sensación más intensa sentir la estrechez de su culo apretando mi polla… Qué placer sentir la mullidez de sus nalgas al impactar en mi pubis. Qué puto placer escuchar sus imprecaciones, sus obscenas invitaciones para follarla a fondo…  y follarla… sintiendo ese dulce e inconfudible olor a hembra cachonda…  Y qué morbo sentir que en cualquier momento podríamos ser descubiertos…

Así que teníamos que ser eficaces y eficientes en el uso del tiempo. Bombeé una y otra vez mi lujuria en su trasero… azotándola de vez en cuando… y apretando sus pezones de cuando en vez…

A medida que aceleraba el ritmo de mis embestidas, ella sentía un intenso placer que manifestaba soltando sin ningún rubor por su boca todo tipo de soeces y vulgaridades, que debo confesar que me ponían inmensamente cachondo.

Le tapé la boca para que se callase, ya que podía despertar a los siesteros que aún dormitaban en el jardín.

Me gustaba que le gustase, me excitaba sentirla tan entregada, tan cachonda, tan guarra, tan puta…

Así que con cierta brusquedad, separé aún más sus muslos, para que mi polla se percutiese con toda su fuerza penetrándola a fondo.

Y llegó el momento en el que la aceleración de su mano agitando y hasta diría que maltratando a su clítoris, los empellones cada vez más profundos y los pellizcos en sus pezones nos llevaron al éxtasis más intenso que había experimentado nunca.

Me corrí en su culo… en silencio… conteniendo la respiración todo lo que podía.

Me eché hacia atrás… y pude ver como un borbotón de esperma afloraba por su ano.

La besé en el cuello… y me enfundé apresuradamente el bañador… Ella hizo lo propio con su bikini.

Y antes de entrar en el jardín, me susurró al oído:
¿Continuará?
Cuestión a la que respondí con un…
– ... justo en el mismo punto en donde lo hemos dejado.

La paloma…

Posted in Deseos, Emociones, Realidades virtuales, Tempestad, Tentación on 17 agosto, 2019 by @Manolo_Blog

bdsmlr-281037-gdampiejciSe equivocó la paloma , se equivocaba,

Él notaba el palpitar en su polla, la sintió más dura que nunca, sus húmedos pectorales no dejaban hueco en la torneada espalda de ella humedeciéndola, claro que no tanto como ella humedecía sus dedos que no dejaban de jugar con el clitoris, amagando con internarse sin hacerlo

Ella respiraba fuerte, asió sus propias nalgas para abrirlas y procurar el paso inminente de la verga que ansiaba,

Pero por la postura ,de pie, la “paloma” por ir al sur, fue al norte,

Ella no disfrutaba del sexo anal, le dolía y nunca llegó a decidirse, por lo que soltó una de sus nalgas para redirigir el tiro, loca por ser penetrada, no por donde ya el glande andaba rondando sino más al sur.

En lo que delicadamente agarró con su mano la base de la polla, esta se estrelló contra su ano, se equivocaba, lo atravesó con inusitada fuerza,

El alarido fue fantástico,

Ella intentó zafarse por todos los medios , pero esa gran polla no cedió un milímetro,

La mano de él si se activó más si cabe, entrando dos dedos en su coño, saliendo, sobando frenéticamente por fuera , haciéndola gritar de nuevo,

Gritos de desconcierto que tornaron en otros.. de placer, cuando se hizo cómodo el recorrido de la verga que ya bombeaba sin impedimento y se engrasaba con el gotear de placer de ella..

La presión, la excitacion , la equivocación hizo que la “paloma” se lanzara al vacío enseguida, y eyaculaba..y se equivocaba…

¿o no?

No es mi asunto…

Posted in Realidades virtuales, Tempestad on 17 agosto, 2019 by @Manolo_Blog

Vi cómo te seguía al interior de la casa mientras el resto dormitaban tumbados en la piscina los excesos de la barbacoa que tú y yo habíamos organizado para nuestros amigos….

Os seguí sigilosamente… a cierta distancia.

Estoy seguro de que notabas sus pasos… detrás de ti… muy cerca.

Te detuviste delante del frigorífico…
No lo veías… pero escuchaste claramente cómo se despojaba de su bañador, mojado aún por el chapuzón que acababais de daros…
Se acercó a ti… Desató la braguita de tu bikini y comenzó a sobarte con su mano derecha.
Intuyo que tu coño se humedeció rápidamente… ya que empezaste a mover tus caderas apretando tus nalgas contra su polla… que ante tal honor y privilegio estaba bien empalmada, inflamada y dura… desafiante…  y muy llena de deseo…
Todo lo que siguió, ya fue cosa vuestra…  y aunque no es mi asunto… he de confesar que me excitó verte…

 

Rebelde…

Posted in Deseos, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 22 junio, 2019 by @Manolo_Blog

Tras todo un largo día posando y grabando en Marrakech, regresas al hotel dispuesta a relajarte y descansar…

Al entrar en la habitación, te extraña el vapor de agua que asoma bajo la puerta del baño…

Indagas… ¿quién será?

De la nube de vaho que rápidamente se disipa surge una silueta masculina…

Por suerte para mi, soy yo… desnudo para ti…  con mi cuerpo y mente totalmente abiertos para lo que surja, sin más límites que nuestra imaginación… y nuestro deseo…

Entras…

El vapor humedece tu piel y la adorna de minúsculas gotitas…

No puedo resistirme… empiezo a comerte…

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Tras juguetear traviesamente a lo largo, ancho y profundo de tu deliciosa anatomía , te sugiero, a continuación, que te tumbes sobre la cama, en posición de oración, mirando hacia La Meca…

Como no podía ser de otra forma, tu rebeldía te hace deshechar mi sugerencia… Y no sólo eso, sino que de un buen empujón me tumbas sobre el colchón, boca abajo. Y sin tiempo de que pudiera mirar hacia atrás, tus piernas se anclaron a mi cuerpo en tal posición que anulan cualquier posibilidad de volverme.

La almohada, y no La Meca, es ahora lo que veo.

Decido no luchar, y me relajo…

Te sientas sobre mi espalda, apoyando tus nalgas en la concavidad de mi curva lumbar, y aunque no puedo verte, te imagino mirando hacia el frente (que es el dorso de mi torso) cual amazona cabalgando a su montura…

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De pronto noto la suave caricia de tus pezones recorriendo mi espalda…

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Me excitas… lo sabes…

Y mi excitación provoca que esté a punto de perder el control… pero aún no es el momento de perderlo…

– ¡Quieta!… te grito, consciente de que tu rebeldía convertirá mi orden en una simple sugerencia.

Con todo, el tono inesperadamente alto de mi ruego te paraliza momentáneamente… Poco a poco vas elevando tu cuerpo sobre el mío a la mayor distancia que dan tus brazos y fémures de mi cuerpo.

Giro sobre mi mismo, y me deslizo bajo el pórtico de tu gloria

Ahora, tengo al alcance de mi boca el delicioso manjar de tus pechos, cántaros de miel… que reververeyan sobre mi… No puedo evitarlo, y caigo en la tentación de comerlos…

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Retuerzo mi brazo hasta conseguir que la palma ahuecada de mi mano se deslice pegada a la bóveda de tu vientre hasta sentir el roce semiáspero de tu recién rasurado vello púbico.

Mi mano avanza y también mi excitación. Hundo mi (dedo) corazón en las medianías de tu sexo, que se abre como las aguas del Mar Rojo ante Moisés. Noto la suntuosa viscosidad de tu deseo empapando mi mano. Tu coño hambriento atrapa también mi dedo índice, que se une al corazón en rítmica agitación, como si tratasen de alcanzar los límites más profundos de tu sexo.

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Tu cuerpo se estremece, y temo que se derrumbe sobre el mío, lo cual me obligaría a usar mi polla para apuntalarlo… cosa que no pretendo todavía.

La vibración de mis dedos se propaga por tu vientre hasta alcanzar tus tetas, que tintinean graciosamente como campanas repicando.

Elevo un poco mi boca, hasta aprisionar uno de tus pezones con un suave mordisco.

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Me encanta su textura, su dureza, el color de tu areola… Succiono con intensidad, mamando con ansia, hasta conseguir que secrete un elixir de complejo sabor.

La codicia me lleva hasta el otro pezón… a la vez que continuo hurgando en tu sexo… Flexiono los dedos hacia mi, pegándolos a la tenue y rugosa pared que separa tu vagina del hueso púbico… Algo me dice que si combino roce y presión va a gustarte…

Y vaya que si lo hace…

Una súbita descarga de abundante flujo rebosa por los labios de tu coño mojando la cara interna de tus muslos…

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Mmm… me encanta sentir el tacto de tu humedad… y su sabor… y su olor a hembra caliente… a mujer pantera que lo quiere todo para ella… y que no se detiene ante nada… ni nadie.

Mordisqueo con fruición tu pezón, quizás con demasiado ímpetu…

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Gritas y das un respingo, retirándote hacia atrás, movimiento de evasión que me deja con la miel de tus tetas en los labios…

Tu insolencia provoca mi azote que tiñe de rosa la pálida superficie de tus nalgas…

– Te he dicho, ¡quieta!

Pero se ve que la obediencia no es lo tuyo…

Porque al poco de apagarse el sonido de mi orden, y con el encanto con el que sueles adornar tu rebeldía… deslizas una tus manos por mi abdomen hasta lograr el contacto con mi cada vez más inflamada y desafiante polla..

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Por los viejos tiempos…

Posted in Realidades virtuales, Tempestad, Tentación on 26 abril, 2019 by @Manolo_Blog

Eso… hagámoslo

Llevaba tiempo rondándome la idea de darle una sorpresa… Quería para ella algo especial, único… y diferente.

Sí… esta vez no acudiría a una joyería cara… o a una agencia de viajes en busca de un destino paradisíaco…

No… esta vez quería para ella algo más personal… algo que requiriese mi participación o intervención…  y que, por ello, permaneciese, indeleble, en el recuerdo.

Y una noche… mientras divagaba de aqui por allá en la deep web… una lucencita se encendió en mi cabeza y alumbró una sugerente idea…

Y la cercanía de nuestro aniversario activó la puesta en marcha de mi plan…

Ese jueves cumplíamos 10 años juntos… Y para recordar nuestros inicios, la invité a comer en el mismo restaurante en donde nos vimos por primera vez…

De primero, y para compartir, ensalada caprese con anchoas y carpaccio de buey… De segundos, parpadelle al pesto, para ella, y bistecca alla fiorentina, para mi. Para regar nuestras gargantas, champagne, servido con generosidad… Y de postre, un platito de panna cotta, con dos cucharillas… que nos sirvió para rememorar el divertido momento en el que mi lengua relamió con gusto la escasa ración que me ofreció el día que nos conocimos en persona.

Tras la divertida sobremesa, le comenté que quería repetir uno de esos encuentros furtivos que, obligados por nuestras respectivas circunstancias, teníamos algunas tardes. Percibí claramente que el brillo de sus ojos delataba que mi indecente propuesta le había encendido su libido…

Nos dirigimos al hotel en el que dábamos rienda suelta a toda nuestras fantasías en aquellas épocas de clandestinidad… Al llegar, y para disimular, saqué del maletero un trolley, en el que había metido diverso material que podríamos necesitar posteriormente. Entramos en la Recepción…  y tras los trámites de rigor, procedimos a subir a la habitación…

Me deleité contemplando su sinuoso cuerpo reflejado en los espejos del ascensor…  Estaba preciosa… como siempre… como nunca… Mi boca se acercó a la suya… sabía a deseo y a morbosa lujuria… Mi mano, impulsada por el vapor del champagne bebido con exceso, se coló bajo su corto vestido y ascendió, codiciosa, entre sus muslos… Para mi sorpresa, y mayor regocijo, no palpé prenda que mantuviese a cubierto su húmeda feminidad…

Llegamos a nuestra planta… El enmoquetado pasillo amortiguaba nuestros pasos… 714… Introduje la tarjeta en la ranura… se encendió el led verde… y entramos en la habitación.

Tal como había indicado en la reserva, nos asignaron una suite muy amplia… La cama estaba flanqueada, a un lado, por un escritorio con dos lámparas… y, al otro, por un armario con puertas de espejo… A los pies de la cama,  dos sofás y una mesa sobre la que había una cubitera con una botella de champagne y dos copas…  Más atrás, un amplio ventanal que daba acceso a una terraza desde la que se podían contemplar las mejores vistas de la ciudad…

Pero no eran precisamente esas vistas las que quería contemplar…

Descorché el champagne y serví las copas… Brindamos… chín, chín… por una pasión sin límites…

Con un sensual contoneo, me indicó que le desabrochase su vestido. Se giró, dándome la espalda, y desenganché el broche…

Muy lentamente, bajé la cremallera del vestido… pero cuando aún no había llegado a la mitad del recorrido, se echó hacia atrás y con un ligero movimiento pendular, frotó sus nalgas con mi entrepierna…

Vamos, Manolo, que se nos hace tarde

Respiré hondo… No debía perder la calma… todavía…

Retiré de sus hombros las mangas… y el vestido cayó al suelo, dejando al descubierto toda su anatomía… Y aunque para nada era una visión inédita… debo confesar que cuanto más la observaba… más me gustaba… y más la deseaba…

Le comenté que se pusiese cómoda, ya que me gustaría grabarla. Para que pudiese desinhibirse, saqué de la maleta una máscara veneciana y se la ajusté con cuidado…

Eché las cortinas… y la habitación se quedó en penumbra. Encendí las lámparas de la mesa y las coloqué de forma que creasen una atmósfera cálida y suave… Para evitar sombras, situé una lámpara de pie justo tras el sofá… Saqué las cámaras, los mini-trípodes… y la GoPro. Porque es un engorro, pero hasta me habría traído el dron para registrar la ocasión… Quería combinar planos cortos con otros más amplios… sin interferir las escenas… pero sin perder ningún detalle.

Para configurar todo, le pedí que se echase sobre la cama… y que improvisase… Mmm… y vaya si improvisó… Se subió a la cama… y gateó graciosamente sobre el colchón…

Cuando llegó al medio… extendió los brazos hacia los lados, dejó caer su torso sobre la cama, separó sus rodillas y empezó a masturbarse con total descaro…

Ajusté el plano de la cámara que tenía sobre la mesa de forma que pudiese ver con claridad el exquisito plisado de su sexo…

Tras mover sus caderas a un lado y a otro, se giró lentamente, recostándose sobre la espalda… Con un descaro nunca visto… flexionó una de sus rodillas… y me miró con una extraña mezcla de provocación e inocencia…

Corregí la altura de la cámara del escritorio, tratando de recoger en toda su extensión la belleza de su cuerpo…

Por último, se sentó a un lado de la cama, se echó hacia adelante y empezó a juguetear con su lengua mientras se veía reflejada en las puertas del armario… Moví un poco la cámara que estaba en ese lateral y aumenté la intensidad de una de las lámparas para oscurecer el fondo y evitar que apareciese en las tomas todo el entramado audiovisual que había desplegado.

Y tras poner todo en marcha… me aflojé un poco la corbata y envié un whatsapp que tenía pendiente… Cogí la botella de champagne… rellené las dos copas… y me acerqué hasta donde estaba sentada…

Sorbió la copa entera de un trago… y la dejó sobre la cama. Separó un poco las rodillas, y me empujó hacia ella. Mi entrepierna estaba a la altura de su boca… Podía ver su lasciva mirada a través de la máscara… Joder… estaba empezando a perder el control… Desabrochó mi cinturón, y de un certero tirón lo extrajo de las trabillas del pantalón… Blandiéndolo con una mano, hizo un además de agitarlo, a modo de látigo… Sus manos se dirigieron raudas a mi pantalón, para desabrocharlo… Mi polla palpitaba inflamada y nerviosa por su inminente liberación…

Pero no… aún no había llegado su momento, por lo que con no pocos esfuerzos, me retiré hacia atrás evitando males mayores.

Estaba un poco desconcertada por mi aparente frialdad… pero su gesto mudó en cuanto vio que me arrodillaba sobre el suelo… Se inclinó hacia atrás, apoyándose en los codos… y levantó las rodillas, invitándome a comer mi postre… Separé sus piernas… dejando expédito el acceso a su delicioso coño.

Mi lengua se afanó horadando su bisectriz… abriendo sus pliegues… hundiéndose en el húmedo valle de su sexo… Combinando parsimonia y precisión, mis labios libaron el néctar del deseo… mientras mis dedos jugueteaban traviesos con sus erizados pezones… Una corriente eléctrica debió recorrer su cuerpo, porque se estremeció violentamente… mientras de su boca brotaba un variado repertorio de excitantes obscenidades.

Le indiqué que se diese la vuelta… Situé uno de los almohadones bajo su vientre, de forma que sus caderas quedaron algo elevadas….  Busqué en la maleta aceite de masaje… y lo extendí generosamente por su espalda… sus muslos… y sus nalgas…

Mmm… ahora su piel brillaba como el alabastro… y olía a avellanas tostadas… Mis manos recorrieron su espalda…. desde los hombros… descendiendo juntas por su columna…  para volverse a separar en la curvilínea superficie de sus glúteos… Y entre bucle y bucle de caricias… de vez en cuando se hundían en la comisura de sus nalgas, dejando libertad a sus dedos para que, unas veces, se solazasen en las ardientes paredes de su sexo… y otras, explorasen las inmediaciones de su zona anal… Mmm… podía sentir como palpitaba su esfinter al sentir la insolente curiosidad de mi dedo corazón…

Hundí mi lengua entre sus nalgas… y esta recorrió el delicado fruncido que rodeaba a su ano…  Poco a poco, mi lengua se aventuraba cada vez más adentro… abriéndolo más y más…

Mmmm… su sabor era exquisito y su olor, embriagador…

Amplié el marco de operaciones descendiendo hasta su coño… cálido y húmedo como una selva tropical. Extendí todo lo que pude mi lengua, hasta alcanzar su clítoris… Percibí con agrado su dureza… Mi lengua caracoleó intensamente en su cima… que vibraba de placer… Diversifiqué mis actividades, presionando su ano con mi nariz…  y estirando mi mano hacia sus tetas… sobándolas impúdicamente…

Ella recibía mis estímulos (imagino que) tan complacida como yo estaba al regalárselos…  La acumulación de caricias y lametones, en su húmedo coño, en su exquisito culo… y en sus encrestado pezones provocó en ella un géiser, un volcán, un terremoto de sensaciones que concluyeron en sonoros puñetazos al colchón mientras profería ese imperativo “quieres follarme de una puta vez” que tanto me excitaba escuchar…

Saqué el plug anal que con premeditación y alevosía había llevado todo el tiempo en mi bolsillo… lo empapé en aceite… y se lo introduje con suavidad. Y con un leve azotito de aprobación en su sexo, le indiqué…

Todo a su tiempo, darling…

Apenas había terminado de pronunciar mis palabras, cuando llamaron a la puerta… Llevándome el dedo a mi boca, le hice una seña para que se relajase… y que permaneciese en silencio… Tras darle un beso en la boca… le puse una venda sobre el antifaz, de forma que no pudiese ver nada de nada…

¿Quién es?, preguntó algo intrigada

Le respondí, mientras me dirigía hacia la puerta….

Es tu regalo…