Aquí… y ahora (fin)

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Tempestad on 6 julio, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Gema)

Conozco a Icíar desde que éramos niñas, y aunque hemos tenido épocas con menos relación, especialmente después de mi maternidad, lo cierto es que siempre hemos mantenido el contacto. Icíar siempre ha sido muy “echá p’alante” y muy pragmática a la hora de alcanzar lo que desea. Y con ese pragmatismo ha conseguido un envidiable status social, laboral y personal, asignando a su pareja, Jesús, un papel de colaborador necesario, con mucha plaza y poco mando. Pero él la adora y acepta complaciente su rol secundario, a pesar de algún que otro desliz veraniego, del que puedo dar fe…

Y la fe es lo que he perdido con David… Con los años, ha ido perdiendo pasión, vigor e interés, justo al revés que yo. Y ahora que los chicos son ya mayores, necesito recuperar el tiempo perdido, porque la vida es un momento y quiero aprovecharlo al máximo. Así que estoy en modo on, abierta a nuevas sensaciones y experiencias. Aunque, para qué engañarnos, a veces lo que necesito es algo más básico, más primario… como una mirada que me desnude, o ser seducida con una proposición indecente… o, simplemente, que un hombre de verdad me empotre, ebrio de deseo, contra la pared.

Y quiero conseguirlo, e Icíar va ayudarme…

Y su ayuda consistió en organizar una cena a la que teníamos que acudir elegantes y con la mente muy abierta. Fue allí donde conocimos a Vicky y a Tino.

Mi primera sensación al ver a Vicky, así, enfundada en ese vestido granate tan apretado y tan escotado, no fue demasiado positiva, e intento ser suave. Es más, cuando vi que Davicín baboseaba al verla caminar a su lado, empecé a considerar muy probable que se dedicase al oficio más antiguo del mundo. Con todo, era una mujer espectacular… tan alta y esbelta… y, por lo mucho que dejaba ver su escaso vestido, sin una maldita señal de grasa o celulitis.

Tino, en cambio, parecía muy elegante y equilibrado… Tenía muy buena planta y mejor percha. Y fue escuchar cómo hablaba, con calma pero sin pausas, y empezar a sentirme atraída por él.

Icíar nos invitó a que nos sentásemos a la mesa…

En cuanto lo hicimos, hizo sonar una campanilla, y, sin que hubiese reparado antes en su presencia, un hombre y una mujer, ambos de aspecto asiático, nos trajeron unos aperitivos. Icíar nos indicó que se trataba de piruletas de pistacho, crocante de maíz con guacamoles, fardos de calamar con vinagreta en su propia tinta y de bocadillos huecos de jamón ibérico. Después nos sirvieron unas exquisitas ostras acevichadas con espuma de champagne y un extraño caviar blanquecino que estaba exquisito. Por si esto no fuese poco, para el plato principal podíamos elegir entre pescado o carne. Vicky, Icíar y yo elegimos rape con habitas a la menta, y los chicos, obviamente, se decantaron por la pechuga de pato en escabeche ligero al vino y aire de limón. En cuanto a los vinos, las chicas nos tomamos un riquísimo y fresco albariño Terras Gauda del 2014, y los chicos se regocijaron con un Ribera del Duero: Pingus del 2015. Para finalizar, Marcelo y Rosa (que así se llamaban los asistentes filipinos), trajeron lo que Icíar denominó como “pequeñas locuras”: un surtido de bombones de cardomomo, crocant de chocolate, coco y frutos secos y unos deliciosos mini macarons de pistacho y mojito. En cuanto fuimos servidos, Icíar indicó a la pareja filipina que se tomasen el resto del fin de semana libre.

Ya a solas, y con los postres aún en la mesa, Jesús e Icíar se levantaron de la mesa. Jesús nos sirvió lo que yo pensaba que era cava, y que en realidad era una botella de un vino espumoso italiano: Follador Valdobbiadene Superiore. Qué soez, pensé por un momento: tanta elegancia y pijerío para acabar con semejante ordinariez. Aunque debo reconocer que el primer sorbo me convenció de lo acertada que era tal elección. Icíar también regresó al salón; traía algo en las manos: eran unos lápices de labios y 6 antifaces para dormir, supuestamente uno para cada uno de nosotros. Y sin mediar más prolegómenos, nos propuso participar en un juego.Lo primero que hizo fue situar a los chicos a un lado de la mesa. Después, les pidió que se pusiesen los antifaces. Tras cerciorarse de que ninguno veía, se acercó a nosotras y nos indicó, marcando con el dedo índice delante de los labios una señal de silencio, que nos sentásemos enfrente de quien quisiéramos: Vicky se puso delante de Jesús, y yo delante de Tino. Icíar, que aún no se había sentado, comenzó a hablar:

Seguro que sois muy detallistas y os habéis fijado mucho en vuestras chicas… Aunque también es posible que se os haya escapado alguna miradita a algún escote ajeno… ¿eh, pillines?.  Bueno, es normal: estáis con las mujeres más bellas, seductoras y atractivas del planeta, jaja.

Mientras escuchaba expectante la perorata de Icíar, aprovechaba que los chicos estaban “cegados” para examinar y deleitarme con las varoniles facciones de Tino… Por un momento pensé en la posibilidad de que podría dejarse llevar por el calor del momento para explorar con uno de sus pies el interior de mis muslos… y mi… y…  uf… con mi mente acalorada y confusa por el vino espumoso Follador… empecé a imaginar cómo sentiría dentro de mi la espuma caliente de Tino, el follador…  Y al ver que esa posibilidad podría hacerse realidad esa misma noche, una corriente eléctrica recorrió mi vientre, produciéndo una importante marejada en mi entrepierna, que humedeció al instante mis braguitas.

Icíar prosiguió con su discurso…

– Bueno, pues estos bellezones llevan, al menos, dos prendas en común… y no os hagáis los graciosillos pensando en la más obvia, ¿vale?

David señaló rápidamente la menos obvia: – sí, es un pañuelo.

– Muy bien, chico listo: tres puntos. Pues esos pañuelos están ahora delante de vosotros, en tres platos cubiertos por un cloché para que se intensifiquen las fragancias que desprenden. Lo que tenéis que hacer es adivinar, por el olor, si es, o no, el de vuestra pareja. Responderéis en silencio, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza si creeis que es de vuestra chica, y viceversa. Si os equivocáis, vuestra chica tendrá que quitarse la otra prenda que tenemos común para usarla en el siguiente reto… En ambos casos “no” se os indicará si habéis acertado o fallado, ¿de acuerdo?

Tras proporcionar las instrucciones del reto olfativo, Icíar se acomodó en el asiento que quedaba libre. No sé por qué, pero estaba segura de que Davicín no acertaría. Y así fue: levantó el cubreplato, olisqueó el pañuelo, pero me confundió con Vicky. Sin embargo, Tino y Jesús sí acertaron, o quizás tendría que decir “no se equivocaron” al concluir que ninguno de los pañuelos correspondía a su respectiva pareja. Así que fui yo la que tuve que quitarme mis aún empapadas braguitas, ponerlas en un plato y cubrirlas con un cloché para la siguiente prueba. Empecé a pensar seriamente en si no estaban compinchados todos…

 

Icíar rellenó tres copas de Follador y nos indicó -a Vicky y a mi- que se las sirviésemos al chico que teníamos enfrente. Pero antes, tendríamos que, como ellos, ponernos los antifaces. Tanteé con cuidado el borde de la mesa, y me acerqué hasta donde estaba Tino… Ahora, mis manos y mis dedos eran mis ojos… El primer contacto fue con su hombro izquierdo; después, mis dedos recorrieron el borde de su calvícula y alcanzaron su cuello… No pude evitar acariciarlo… y excitarme, sobre todo al sentir cómo se activaba su musculatura cuando, quizás por la intensidad del momento, tragó un poco de saliva. Mi mano avanzó colgando bajo su mandíbula… sintiendo los chispeantes pinchazos de su incipiente y áspera barba…  Finalmente, la ahuequé bajo su angulosa barbilla para apuntar mejor y evitar desperdiciar ni una gota del burbujeante Follador. Coloqué el borde de la copa en sus labios y la incliné levemente para que pudiese sorber su contenido. Tino bebía lentamente, sin prisa… cuando, de pronto, sentí una de sus manos reptando insolentemente bajo mi vaporosa falda hacia mi desprotegido sexo… que, en cuanto sintió el contacto de la lúbrica caricia clandestina, respondió con un húmedo torrente de impetuoso deseo.

Pero Icíar siguió con su jueguecito…

– ¿Os ha gustado? Bien… pues vamos a subir la apuesta. Chicas… sacaos el antifaz y volved a vuestros asientos. Chicos… ha habido uno de vosotros que no ha superado el reto del pañuelo. Por tanto, la prenda más íntima de su chica está ahora sobre un plato, cubierto por un cloché para preservar su aroma. Como antes, sólo podréis emplear el olfato para adivinar a quién pertenecen. Con el lápiz de labios, escribiréis la inicial de la propietaria en vuestra servilleta…  y ella planteará al que acierte, o a los que acierten, un reto que tendrá, o tendrán, que cumplir. Si no estáis seguros, podéis dejar en blanco la servilleta. Pero si falláis, tendréis que desnudaros totalmente¿Os atrevéis?

Bueno… había un tercio de posibilidades de que me toque David… e idéntica probabilidad de que me toque Tino… o Jesús… o ambos… o los tres. Pero lo que quería es que el destino… ay, mi destino, conspirase para que me tocase… Tino, naturalmente.

El primero en catar mi prenda fue mi Davicín. Y otra vez, dominado por la tentación, escribió una V. El muy ingenuo pensaría que estaba escribiendo la V de Victoria, cuando, en realidad, lo que había escrito fue la V de vencido. El siguiente fue Jesús. Retiró el cubreplatos, se inclinó hacia adelante, inspiró y, tras unos momentos de vacilación, comenzó a trazar en su servilleta una línea circular que, cuando la vi, suponía que acabaría convertida en una G. Pero, para mi asombro, cerró el círculo y lo atravesó con una línea recta, indicando con esa ø de carmín que no sabía a quién pertenecía. Tino cerraba el turno… Retiró el cloché y se acercó al plato, tanto que su nariz rozó el tejido empapado de mi braguita. Inspiró profundamente… y se echó hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de la silla. Juntó sus manos, frotándolas un poco, y las puso delante de su boca, como si estuviese rezando, en lo que podía ser un gesto normal de meditación. Pero, no. Tino no estaba reflexionando… Tino estaba oliendo los dedos que poco antes habían profanado mi sexo… para confirmar, con una enorme G de carmín, que esa prenda era la mía. Un chorreante latigazo de excitación bajó por mi entrepierna… A pesar de que hervía en mi vientre el deseo, me mantuve en silencio. Dios… ¿y ahora? ¿qué reto podría plantearle?

Y mi imaginación comenzó a volar… Quizás, podría pedirle que me acompañase a una de las habitaciones en donde degustaría el exquisito manjar que hay entre sus piernas…

O quizás, le pediría que dejase que mis manos masturbasen su polla entre mis tetas, hasta povocar que se corra sobre mi…

O, simplemente, quedarme a su merced y dejarle que haga conmigo lo que quiera…

O ya puestos, le pediría que me follase allí mismo, delante de David… y de Vicky… y de todos.

Icíar pidió a los chicos que se quitasen los antifaces para ver el resultado del reto… Tan cegada estaba con la expectativa de sentir la hombría de Tino, que no reparé en el rostro desencajado de mi pobre David, comprobando que había fallado otra vez, y que era otro el que estaba a punto de disfrutarme…

Icíar, la maestra de ceremonias, se levantó de la silla y se dirigió a mi:

Gema, hay un ganador del reto… y ahora debes exigirle que proporcione cumplida satisfacción a tus deseos.  

Después, mirando a David, le indicó:

– Pero antes de nada…. David, ya que no has superado el reto, tendrás que desnudarte… 

Y David, a regañadientes, obedeció… y fue despojándose del traje de Armani… de la corbata de tonos azules… de la camisa de botones plateados… de los pantalones… y, tras la indicación de Icíar de que el desnudo tenía que ser integral, también de sus gayumbos… 

Icíar, prosiguió con su papel de reina de la fiesta:

– Y ahora, David, ponte el antifaz. Vendrás con Vicky y conmigo a una estancia en la que te someteremos a unas pruebas que tendrás que superar…  

Por un momento, y viendo que Vicky participaría en esas pruebas, la cara de David se iluminó. Resultó algo cómico, o quizás kinky, ver a Icíar, Vicky y David desfilando por el salón, hacia la planta baja: Icíar abría la comitiva y Vicky conducía al cegado David sujentándolo por la polla.

Por fin, ya a solas con Tino (¿y Jesús? ¿dónde está Jesús?), mi calenturienta imaginación se liberó de todo freno o precaución.

No entraré en detalles de lo que hicimos Tino y yo… ya que se puede imaginar fácilmente. Y tampoco relataré qué sucedió cuando apareció el desaparecido dueño de la casa…

En cuanto a David, desconozco a qué pruebas fue sometido por las perversas Vicky e Icíar… Lo que sí sé es que ahora encuentra placer en donde antes no imaginaba que se podía encontrar…

Y esto me complace… aunque no tanto, como cuando, alguna semana que otra, recibo el escueto mensaje de Tino, o de Jesús, o de ambos… con las tres palabras que más me excitan: “aquí… y ahora”.

Fin 

 

Deseo concedido…

Posted in Deseos, Espuma, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 8 junio, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Vicky)

Tragué saliva y manteniendo mi posición apoyé la cabeza en la almohada, cerré los ojos, no quería saber quien hacía qué, quería sentir imaginar e intentar adivinar de quien era la respiración que me soplara, la mano que me acariciara, el cuerpo que me rozara, la polla que me follara….

Creo conocer bien las maneras de Tino, también su tacto y olor, pero con los ojos cerrados y con Jesús, mi imaginación seguro que hallaría dudas, dudas que desde ya mismo estaban haciendo fluir mis mieles.

Húmeda y expectante, lo primero que noto es el roce del cabello, de una de las cabezas de aquellos dos hombres en la cara interna de mi muslo derecho.

No entendí… esa cabeza debió de acomodarse un almohadón debajo, porque el suave tacto del pelo reptó hacia arriba..
y es entonces cuando una boca aprisionó mi clítoris succionándo suavemente y manteniendo la posición el tiempo necesario para que yo pensara “claro, está colocado a la inversa de como yo creía”…

…y latigazo de excitación…

Si se trata de Tino, Jesús estará como una moto y no tardará en follarme con su polla,

y si se trata de Jesús… , cualquier cosa me espero de mi Tino…


Fue mi último pensamiento, ya que a partir de ahí me nublé en un disfrute excesivo, como excesiva era la idea de compartir juegos sexuales.

La lengua comenzó a lamer mi sexo, parsimoniosa, como si de una precisa maquinaria que no sale de su ritmo se tratara…

Mi sexo iba a explotar cuando noté certero en mi ano lo que debía ser la saliva ¿de Jesús? ¿o de Tino?

¡Dios santo! seguida de un lengüetazo que no contento con saborearme procuró introducirse al máximo en mi cuerpo al tiempo que una mano asía mi pecho izquierdo y me lo manoseaba haciendo que mis pezones, ambos le señalaran que estaba en el buen camino.

La cabeza que tenía entre mis piernas fue reptando hacia arriba, yo seguía con los ojos cerrados, no quería saber y llegó a la altura de mi boca, besos lascivos al tiempo que de un empellón introdujo toda su polla en mi abultado coño.

Comenzó a moverse penetrándome sin que yo le correspondiera en los movimientos, ya que estaba atendiendo también el cambio que se había producido en mi espalda.

Dos dedos eran, los que sustituyendo a la lengua iban penetrándome cada vez que la polla que me follaba echaba para atrás.

No había sentido algo igual: no tenía que ver con juguetes ni con las artes anteriormente experimentadas. Si bien es verdad que Tino era capaz de atender varios frentes al tiempo, el hecho de saberme entre dos hombres me producía un éxtasis indescriptible, algo mental…

Ignoraba quién era quién, quería una segunda polla en mi culo… y la quería ya.

Seguía con los ojos cerrados, tan excitada, queriendo más, volando mi imaginación al tiempo que mi cuerpo. Lo que no podía saber que hace ya un rato, la puerta se había abierto de nuevo, y en la habitación en ese momento éramos cuatro…

… y la polla de Tino estaba a buen recaudo entre las cuerdas vocales de Icíar.

Vamos a divertirnos…

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tentación on 8 junio, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Jesús)

Icíar
propuso que fuésemos los chicos los que recibiésemos el protector
solar, para lo que debíamos  tumbarnos… boca arriba.
Para incrementar el
morbo, Vicky entró en la casa a buscar un par de corbatas de Tino, con la intención de vendarnos
los ojos, de forma que no supiésemos quién nos iba a “tocar”… aunque era más que obvio y predecible lo que iba a pasar. Así que, privado del sentido de la vista, noté como  “alguien” me aplicaba la protección
solar en el pecho… Quien fuera que fuese, esparcía suavemente el
mejunje, dejando caer sus manos hasta mis trabajados abdominales, acariciando mis marcados oblícuos (ya me gustaría que estuviesen “marcados”, jajaja) y hasta aventurándose por debajo de mi
aún empapado bañador.

Ni qué decir tiene que me estaba volviendo a poner “palote” (joder, dos veces en menos de 10 minutos). Y justo cuando empezaba a sentir que aquello iba a ir a más allí mismo, sin mediar palabra ni
permiso, “alguien” me cogió por la mano con la intención de llevarme adentro de la casa. Al levantarme, “me se calló” la corbata, por lo que por fin pude confirmar la autoría de las caricias. Miré a Icíar… que me respondió con un guiño de aprobación. Miré también a Jesús… y éste asintió con un discreto gesto a la vez que me pronunciaba un enigmático “azúcar” que sólo él y yo entendimos.   

Y así, sin más, Vicky me condujo hacia el dormitorio de invitados.

Cuando llegamos a los pies de
la cama, Vicky se detuvo… y aprovechó la ocasión para explorar otra vez bajo mi bañador… Y viendo que todo el monte era orégano, decidí meter mi mano bajo su bikini para poner en su punto su humedecido género.
Vicky puso fin a los prolegómenos sentándose en la cama. Sin
dejar de mirarme, comenzó a reptar sobre ella, de espaldas,
apoyándose en los codos. Cuando su cabeza rozó la almohada, levantó las
caderas y se quitó la parte de abajo del bikini…

Debo decir que, a pesar de ser hombre (y es por todos conocido que los hombre no sienten ni padecen y sólo piensan en follar), noté en ese excitante momento una mezcla de morbo y excitación: una casa extraña, un dormitorio que no era el nuestro, una mujer de bandera que estaba separando sus rodillas, abriéndolas de par en par, como clara invitación a un inminente placer prohibido.

Y en el preciso momento en el que estaba ya dispuesto a liarme la manta a la cabeza e iniciar el polvo clandestino, la puerta de la habitación se abrió… Era Tino…

Tino miró a Vicky, indicándole, con el sutil gesto de su dedo índice dibujando un círculo, que se diese la vuelta…. Vicky respondió con una pícara sonrisa y obedeció. Ahora Tino me miró a mi… Lo miré…. Me volvió a mirar… Arquée las cejas, dubitativo, esperando órdenes. Y al fin, bajó su bañador… permitiendo que su polla
asomase con insolente esplendor…

Y así, sin más preámbulos, nos anunció: vamos a divertirnos…   

Con tacto deseado…

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tentación on 8 junio, 2018 by Manolo Blog
(viene de aquí; escribe Icíar)
Los mojitos estaban refrescantes, y muy deliciosos… Supuse que había sido mérito de Tino, pero para mi sorpresa, éste lo compartió con Jesús. Vaya… qué rápido aprendió mi chico.
Como el calor era intenso, apuramos de un sorbo el cóctel caribeño y nos zambullimos en el
agua… 
Vicky se subió a una colchoneta y empezó a tontear con Tino… primero besándolo, para después mordisquearle en los hombros, y acabar ambos metiéndose mano
ostensiblemente.

Jesús y yo, viendo que nuestros anfitriones querían caldear el ambiente, no nos quisimos quedar a la zaga: rauda y veloz, me encaramé sobre
él, abriendo las piernas y sujetándome en su cuello. 

El roce de mi
braguita y su bañador le provocó una leve erección, que no pasó
desapercibida a Vicky, que me sugirió que siguiese frotándolo hasta que
saliese el “genio de la lámpara”…  y froté, y me froté hasta conseguir que por encima del bañador de Jesús asomase un “genio” lleno de deseos.

Como la inopinada tiesura le estaba
incomodando un poco, Jesús decidió salir de la piscina con la excusa de preparar más mojitos y, de paso, ocultar su descarada erección.

Tino, al quite, salió del agua para ayudar a Jesús en la preparación de las bebidas. Así que Vicky y yo, sin juguetes con los que jugar, y sin genios que frotar, decidimos salir también y echarnos en las tumbonas boca abajo. Y estábamos tan a gusto, que al poco nos
quedamos dormidas.

Al poco, llegaron los chicos. Fue una suerte que se acordasen de
extender sobre nuestras húmedas espaldas el protector solar. Con la dulce modorra provocada por los mojitos, no pude ni abrir los ojos… ni moverme, así que me dejé llevar. Jesús me desabrochó el bikini, y me masajeó suavemente la espalda… Después, introdujo sus pulgares entre mis nalgas, haciendo desaparecer la tira de la braguita entre ellas, dejándolas al descubierto. Aplicó un generoso chorro de protector, y comenzó a extenderlo… Instintivamente, separé un poco las piernas, lo que
aprovechó para aplicar protección también entre mis muslos. Quizás por el ambiente distendido, los disulutos dedos de Jesús comenzaron a subir, aguas arriba, hasta mi sexo, rozando sus pliegues, y acariciando sus labios…  Se estaba pasando tres pueblos… pero me gustaba… vaya si me gustaba… Preferí no mirar… Moví levemente mis caderas como clara invitación a que sus dedos penetrasen, de una puta vez, mi ya muy humedecido coño… 

Por un momento dudé si pedirle que parase… pero al escuchar que a Vicky se le escapaba un leve gemidito, que supuse provocado por Tino, pensé en devolverle la gracia del
“genio de la lámpara”.  Así que me incorporé, girándome hacia ella, y…  cuál
sería mi sorpresa cuando vi que el que le estaba aplicando el protector
era Jesús…. y, por tanto, quién me había sobado era Tino…

Tras la
“confusión”, nos reímos a carcajada limpia los cuatro… y seguimos jugando…

Pacto entre caballeros…

Posted in Deseos, Espuma, Fantasías, Lo que me gusta..., Realidades virtuales on 5 mayo, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Tino…)

Después de las emociones de la comida, y para que no decayese el ambiente, propuse un cambio de tercio: piscina, música… y mojitos. Y para preparar estos últimos, requerí a Jesús que me acompañase, mientras las chicas se cambiaban…

Jesús no me parecía un mal tío… pero quería estar seguro de que estábamos alineados en el asunto que nos había reunido. Para ganar su confianza, y dado que, según confesó, no era lo que se dice un virtuoso de los cócteles, decidí desemborricarle proporcionándole algunos detalles de mi receta para un auténtico mojito cubano al estilo Bodeguita del Medio.

Lo primero, poner en un vaso, alto y de boca ancha, azúcar… dos cucharaditas, blanco y moreno, a partes iguales. Después, sobre el azúcar, lima troceada, exprimida con la ayuda de un mortero. Un chorrito de sifón… y mezclar. Después, una ramita de hierbabuena, entera, con el tallo; removerla con fuerza, pero sin triturarla, para sacarle todo su aroma. Y ya por último, el ron, blanco; Havana Club si es posible. Un poco de hielo, en cubitos, nunca picado, la pajita, una ramita de hierbabuena, una rodaja de lima… y ya está…

Jesús prestaba mucha atención a todas mis indicaciones, así que le invité a que preparase uno. Y mientras lo hacía, aproveché la circunstancia para dejarle claras algunas cosas:

No me andaré con rodeos: si sigues mis instrucciones, no habrá problemas, y los mojitos, y me refiero tanto a estos, como a los “otros” que pudieran surgir, sabrán muy bien; a hierbabuena. Si te pedimos más azúcar, serás dulce, pero no empalagoso… si quisiéramos más ron, lo destilarás con todo tu calor… y si fuese hielo, te apartarás y te retirarás, sin más… ¿entendido?

– Sí, claro… -balbuceó, algo sorprendido, Jesús. Azúcar, ron, hielo y hierbabuena… a vuestro gusto. Por cierto, si se diese el caso, también os pediremos lo mismo, ¿de acuerdo?

– Por supuesto… Va a ser un placer hacer “mojitos” contigo – le respondí a la vez que le estrechaba efusivamente la mano.  
Y cuando habíamos cerrado nuestro pacto entre caballeros, Vicky reclamó nuestra atención desde el jardín:

– Chicos, ¿vais a tardar muuucho? Es que hace mucho calooor…

– Ya vamos, cariñooo – repliqué tratanado de imitar la musicalidad del tono de Vicky.

Antes de sacar la bandeja con los mojitos para aplacar la sed de nuestras preciosas chicas, apremié a Jesús a cambiarnos la ropa y ponernos los bañadores… Y ya que nos íbamos a cambiar, le pregunté que qué le parecería si…

(continuará…)

Vicky, Icíar, Miraflores…

Posted in Deseos, Emociones, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad, Tentación on 29 abril, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; sigue escribiendo Vicky)

Tras varios intentos, al fin pudimos quedarcon Icíar y Jesús con la excusa de jugar un partido de tenis, tras el que les invitaríamos a comer en nuestra casa.

Nos citamos directamente en el Club de Tenis de Miraflores. Tino y Jesús
congeniaron inmediatamente, lo que allanaba el camino para nuestros  planes. Para incentivarel morbo, decidimos jugar el partido intercambiando parejas: Icíar y
Tino en un lado, Jesús y yo en el otro.

Lo cierto es que nuestro nivelera infinitamente superior al de ellos, por lo que de forma naturalsurgió un muy buen rollo y complicidad entre nosotros. Así, cuando servía Jesús y yo me ponía delante, en la red, agachada, éste me piropeaba diciendo que mi corta faldita no le dejaba concentrarse… o cuando conseguía un punto con mi revés a dos manos, me daba un azotito de aprobación en el culo… nada inocente.

Decidimos no hacer sangre en el otro bando. Tino e Icíar hacían lo que
podían, aunque también se divertían: mi chico ayudaba a Icíar a mejorar
algunos golpes, poniéndose detrás de ella, sujetándola por la muñeca y
rozándola, con descaro, en sus (imagino) duros y torneados glúteos…  La verdad
es que me costó un poco aceptar el mamoneo que se traían los dos, pero
llegados hasta este punto, lo mejor era no rayarse y seguir adelante.

Tras ducharnos y cambiarnos, cogimos los coches y nos dirigimos a casa.

Habiendo sido educadas en un rancio heteropatriarcado machirulo, Icíar y yo acordamos la distribución de tareas a la manera clásica: los chicos se encargarían de la
barbacoa, en el jardín, y nosotras, de preparar la mesa, las ensaladas y los postres. Aproveché que estaba a solas con Iciar para interesarme por sus impresiones. Asintiendo con la cabeza, me indicó que Jesús estaba encantado con nosotros…
y que yo le había parecido muy atractiva, lo cuál provocó que me ruborizase y
empapase a partes iguales.

Y ya que estábamos con confidencias, le pregunté:

– Oye… y… tú… eh.. a ti… ¿no te importa que Jesús lo haga con otra mujer?

– Pues claro… aunque me preocupa más que lo haga con un chico, jajaja.

Icíar siempre tenía respuestas para todo… Sonreí cómplicemente con ella, convencida, en aquel momento, de que se trataba de una gracia…

– Por cierto, Vicky… tu chico está estupendo.

Tino también piensa lo mismo de ti –repliqué sin meditar mucho la respuesta, tratando de corresponder a su “cortesía”, y mintiendo, pues Tino y yo no habíamos comentado nada al respecto.

De pronto, empecé a pensar en que Icíar, con la que estaba hablando tan confiadamente, iba a tirarse a mi chico, lo cual secó bruscamente mi antes húmeda excitación y despertó en mi una extraña sensación de desasosiego, que ella detectó al instante.

– No te preocupes, Vicky, que no te lo voy a robar. Además, lo que pase en Miraflores, se quedará en Miraflores, ¿vale?

Tino, con un estentóreo y desafinado: ¡chicas, ya está la barbacoa, la barbacoa!, puso fin a nuestra conversación.

La comida estaba estupenda… y el vino que trajo Icíar, delicioso… Y entre el calor, el regustillo de la carne y la alegría del alcohol, nos desinhibimos un poco… lo que provocó que las conversaciones fuesen subiendo de temperatura…

Y en una de ellas, la descarada Icíar va y me pregunta por el consolador de vidrio templado… Casi me atraganto con el vino.

Pues… no sé… bien… ¿no?

– Y a ti, Tino, ¿te gusta? 

– No lo he probado… aún, jaja –respondió con su típica socarronería. Por cierto, Icíar, y te pregunto como experta en la materia, ¿cuál es tu juguete favorito?

– Pues tengo uno que le encanta a Jesús, ¿verdad, cariño?… –replicó con malicia Icíar, a la vez que Jesús daba un casi imperceptible respingo en la silla. Aunque últimamente, con lo que juego mucho es con la lengua.

– ¿Cómo? –preguntó Tino, confundido al no entender el juego de palabras.

Pero Icíar entendió ese “cómo” como un adverbio conjuntivo de modo.

– Mira, así… 

Icíar miró a Jesús, y éste mojó uno de sus dedos en la copa de vino y lo extendió hacia adelante… E Icíar, para nuestra sorpresa, comenzó a chupárselo…

Ya veo, ya veo… – comentó Tino mientras hacía un gesto de aprobación asintiendo con la cabeza.

Icíar, me miró… y, con un cierto aire retador, me preguntó:

¿Quieres probar tú?

Icíar se había vuelto loca… y yo estaba algo confundida y muy turbada. Miré a Tino, pretendiendo que se involucrase en el juego, pero el ladeo de su cabeza era una clara señal de que rehusaba mi envite. Miré a Icíar, y me llevó con su mirada hacia Jesús. Miré a Jesús, y éste volvió a empapar su dedo en vino… Volví a mirar a Tino… y, con su habitual discreción, arqueó levemente las cejas a la vez que encogía los hombros. Vamos, que la decisión dependía de mi.

Y como habíamos venido a jugar,  me levanté, me incliné sobre la mesa, y comencé a lamerle… el dedo…

 

 

 

 

 

 

 

Y lo hice con tanto empeño y entrega, que Icíar, viéndose superada en la osadía, tuvo que pedirme que parase.

Después de mi frivolité, Tino se levantó de la mesa con el aparente propósito de recoger los platos del postre… Yo también me levanté, con la excusa de ayudarle, aunque lo que quería era saber cómo estaba. Icíar y Jesús se ofrecieron también a recoger, pero les recordé que eran nuestros invitados, por lo que no debían preocuparse de nada. Ya en la cocina, a solas con Tino, le solté un ¿qué tal?,  para sondearle. Para mi alivio, no estaba enfadado ni molesto. Al contrario. Le había excitado muchísimo verme haciendo una felación, aunque se tratase de una simulación en diferido sin finiquito. Mmm… mi Tino es un encanto. Así que lo abracé y le besé en la boca, mientras mi lengua jugaba tentando a la suya.

Volvimos al salón, muy sonrientes. Tino pinchó una selección de música chillout y nos preguntó si nos apetecía tomar unos refrescantes mojitos en la piscina, propuesta que se aprobó por aclamación. Y mientras los preparaba, aprovechamos el impasse para
cambiarnos y ponernos los bikinis y bañadores…

Moldeando mi fantasía…

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tentación on 3 marzo, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Vicky)

Lunes, 22 h. Estaba ya en pijama, recién bañada, dispuesta a ver una peli. Tino tenía una cena de Navidad con los del trabajo y me había hecho con la mantita en el sofá para esperarle…

Suena el móvil.

¿Sí?

Hola Vicky, soy Iciar. Quería preguntarte cómo tenéis este sábado… un pez gordo ha picado el anzuelo…

Pero, ¿qué me dices?, no sólo se me aceleró el pulso, también sentí un latigazo en el bajo vientre. ¿Muy gordo?.
– Sí… ya verás… te van a encantar.
No sabes cuánto me apetece… Estamos libres sí… ¿qué será cena en tu casa? Ichi, pero dime… ¿quiénes son? ¿Los conozco?
Son unos amigos… de nuestra edad…  bien parecidos. Ella un poco más curiosa y lanzada, y él… es un buen chico… un poco cortado… En todo caso, gente vainilla… sin experiencia.
– Oh, entonces, quizás no se atrevan, o no les guste… 
No te preocupes por eso, Vicky. Seguro que se me ocurre algo…  A lo largo de la cena sondearé con cuidado el terreno y, si son receptivos, en los postres os propondré participar en uno de mis picantes jueguecitos…
– Cuéntame, cuéntame… – inquirí con malsana impaciencia. 

– Es una sorpresa. Sólo te puedo decir que será diferente al que os propuse cuando os iniciamos a vosotros. Seguro que vamos a disfrutar de lo lindo… ¡ah! y no te toques, ¿eh? -dijo con una voz de lo más burlona. ¡Chao!Hasta el sábado, ¡chao!

Colgué el móvil con la mano derecha mientras la izquierda descubría bajo el pijama que aquel latigazo había engrasado abundantemente mi sexo.

Vamos a hacer esto bien, pensé.

Me puse en pie como un resorte y corrí hacia la habitación. Abrí el tercer cajón del sifonier isabelino que heredé de mi tía y, desoyendo las indicaciones de Icíar, saqué de su elegante caja mi juguetito favorito: un bonito consolador de vidrio templado que hace un tiempo ella misma me recomendó adquirir.

Regresé rauda al sofá, coloqué el consolador sobre la mesa del salón y comencé a acariciarme: lentamente al principio, para, después, incrementar la cadencia e intensidad de las caricias hasta llegar a mi punto de ebullición, en el que no me quedó otra que meter de una vez tres dedos de mi otra mano frenéticamente en mi coño mientras mi pulgar acariciaba y presionaba mi clítoris. Mi mano estaba empapada por el flujo, que rebosaba abundantemente por los pliegues de mi sexo.

Con la maestría propia de la experiencia, cogí el consolador de la mesa, mientras mi otra mano engrasaba la zona de mi culito para procurar la entrada de lo que en mi mente ya dibujaba como la segunda polla del desconocido del que Iciar acababa de hablarme. Dos dedos esta vez penetraban mi sexo, mientras el frío vidrio, bien dirigido por mi otra mano, buscaba ávidamente la entrada en mi ano. Con gran vehemencia, hundí el dildo en las profundidades del ano, provocándome una gran fogonazo de placer, al que sucedió una serie de cada vez más intensos orgasmos cuando alterné la entrada de los dedos en el coño, con la salida del consolador del ano… todo ello, sin desantender a mi inflamado clítoris. Gemí, imaginé, vibré con inusitada violencia, y me corrí retorciéndome de placer en el sofá…

La perspectiva del sábado me había puesto a mil.

Perdí el comienzo de la película habida cuenta del cuarto de hora que como mínimo había transcurrido, así que decidí ir a mi habitación a leer…

Ven presto Tino, vuela Tino, que te voy a dar lo tuyo y lo del vecino“. Mi mente tarareaba esta broma que tenía con mi hombre y que era lo que él mismo gritaba cuando estaba juguetón. Pero para cuando él regresó, ya estaba dormida…  más que placenteramente.
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¿Quién me lo iba a decir a mi? A mi, una mujer tradicional, familiar, deportista, trabajadora, equilibrada en todos los aspectos de la vida… menos en el sexo. En el sexo, no sé si rayaba la enfermedad, o era la edad, o qué, pero las fantasías que continuamente imaginaba me desbordaban en cualquier lugar y momento. Por suerte, pude encontrar a Tino, mi pareja… siempre muy atento y dispuesto. Y fue hace justamente cuatro años cuando me propuso dejar atrás inhibiciones y tabúes para ampliar horizontes sexuales y desarrollar mis fantasías hasta límites insospechados.

Y una de esas fantasías era tener sexo con un desconocido…

¿Un desconocido?, preguntó extrañado Tino…

Sí… un desconocido… un completo desconocido que se acerque a mi, lentamente, por la espalda…

Un desconocido que profane mi cuerpo, recorriéndolo con sus manos… sobándome lascivamente sin que yo oponga la más mínima resistencia…

… y es que me genera mucha excitación notar cómo el deseo de poseer mi cuerpo es capaz de desatar su ímpetu, de provocar su codicia…

Y es que me vuelve loca sentir el morbo de que me conduzca hacia el abismo de los placeres prohibidos…

Y es que me enciende ver cómo me penetra con furia… Quiero usar a ese desconocido como si fuese una herramienta, un consolador… sin más pretensión que proporcionarme placer… 

… y que termine su faena derramando su semen caliente y espeso sobre mi piel…

Ufff… para, para… me requirió Tino visiblemente excitado.

Pobre Tino, pensé… Me sentí como una niña mala, confesándole mis travesuras, quizás haciéndole daño. Sin embargo, tras una intensa pausa, alivié mi culpabilidad cuando puso fin al silencio preguntándome:

¿Y te gustaría que te contemplase mientras se la chupas?

Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo desde mi sexo, súbitamente humedecido, hasta el estómago.

Uff… eso me pondría supercachonda, le comenté.

Anticipándome a su siguiente propuesta, le pregunté:

Y a ti, ¿te gustaría verme mientras me folla otro hombre?

Tino se mantuvo en silencio unos segundos, mirándome fíjamente.

Pues no lo sé… supongo que sentiré algo parecido a lo que sentirías tú si me vieses follando con otra mujer… y esto no sé si te gustaría.

Vaya… pensar en Tino follando con otra mujer no me gustó lo que se dice mucho… y mi excitación se desplomó de 100 a 0 en un segundo. Pero Tino continuó su argumentación:

… aunque contemplarte mientras tú disfrutas seguro que me excita muchísimo

¿Y tú? ¿Qué harías mientras?

– Sentarme… servirme una copa…

…masturbarme…

y, si me lo permites, unirme a tu fiesta…

Su respuesta que volvió a ponerme a 100 en un segundo.

¿Me estás sugiriendo que probemos un trío? – pregunté con inusitada curiosidad.

Sería una opción muy interesante… – respondió Tino, algo enigmático.

¡Un trío! No entraba en mis planes, de hecho y, en todo caso, tendría que ser con dos hombres, porque el sexo femenino no me despertaba absolutamente la líbido. Tras largas y tendidas conversaciones con Tino, llegamos a la conclusión de que la mejor forma de empezar sería probar a compartir sexo con otra pareja, acordando que ni ella me tocaría, ni viceversa. Tampoco quería yo nadie demasiado versado en estas lides para poder estar cómoda, una pareja que como nosotros quisiera iniciarse en algo parecido… seguro que encontraríamos a alguien dispuesto. Los dos, entonces, y sin prisa ninguna, estaríamos alerta para conocer quienes pudieran acompañarnos en nuestra aventura… estábamos a la caza… Y pensando, pensando en posibles compañeros de aventura, recordé a Icíar.

La conocí en una divertida merienda a la que nos invitó una amiga común del gimnasio. Cuando llegamos, allí estaba ella, elegante y escultural, tratando de explicarnos las últimas novedades en artículos y lencería erótica.

Describía con gran naturalidad todos los juguetes y artilugios que traía en un maletín de Loewe que no parecía tener más que doble fondo: y eso ¿por dónde se mete?¿Que ese gel te hace tener un orgasmo en tres minutos? Esto hay que probarlo… Todo eran ocurrencias, a las que Icíar, pacientemente, daba cumplida respuesta.

Reíamos sin parar. Yo no podía con las explicaciones de Icíar: ¡qué cosa más divertida!.

Quien más y quien menos compró que si esposas, geles, dildos, plugs… Yo me interesé por un consolador de vidrio templado, muy elegante y bonito… aunque algo caro. Tenía algunas dudas sobre su compra, ya que, al no tener vibrador, podía resultar aburrido y acabar defraudádome. Icíar replicó amablemente a mis objecciones y me explicó que era ideal para simular una doble penetración y que jugando con la temperatura podría multiplicar el placer. Mi entendimiento solo escuchó, alto y claro: “doble penetración”, así que aproveché un momento en el que todas estaban hablando, para llevarme a Icíar al salón y preguntarle por más detalles al respecto. He de reconocer en Icíar su capacidad para tratar asuntos delicados, ya que no sólo comprendió perfectamente mis dudas y temores… sino que me proporcionó una serie de pautas muy útiles para experimentarlo y dominarlo en los planos emocional (sin juguete, ¿podía ser eso una proposición?) y sexual.

Y dado que en la “educativa” merienda, nos intercambiamos teléfonos… y ahora volvía a necesitarla, me lancé y la llamé para explicarle nuestra nueva fantasía, pedirle su ayuda… y su participación… y la de su pareja…