Y no fue precisamente una caricia…

Posted in Deseos, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 31 octubre, 2016 by Manolo Blog

(viene de aquí)

Anabel se dejó caer hacia atrás sobre el borde de la mesa del fondo, apoyando las manos para sostenerse. Sedienta e impaciente, giró la cabeza tratando de averiguar si Cosme había conseguido ya su Cosmopolitan. Pero, desafortunadamente, entre el calor de aquella noche de septiembre y la exasperante lentitud del bartender a la hora de satisfacer las demandas de los sedientos invitados, su encargo seguía en “cola de espera”…  Cuando volvió su cabeza, se encontró, casi de bruces, con el rostro angulado, y la mirada libidinosa de Javier.

A Anabel no le apetecía nada de nada conversar con Javier… sobre todo estando tan cerca Cosme. Y es que de todos era bien conocido lo pesado, bocazas y gilipollas que era, y es, especialmente tras haber ingerido alcohol y otras sustancias prohibidas. Pero para infortunio de Anabel, y a pesar del claro gesto de desaprobación con el que lo recibió, Javier comenzó a charlar con ella.

Javier no era un dechado de virtudes en cuanto a la oratoria o las artes de seducción se refiere. Comenzó su babosa perorata alabando el buen aspecto de Anabel, y lo guapa que estaba, y la sonrisa de sus “labios de fresa“, y “ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca“, y “no sé qué tienen tus ojitos que me vuelven loco“, todo esto sin dejar de perder detalle de las rebosantes redondeces que asomaban sobre su generoso escote. Tras agotar su escaso y poco original repertorio de requiebros y piropos, condujo a conversación hacia tiempos pasados, y al igual que el Cifu en “20 de abril“, quiso que Anabel recordase “las risas que nos hacíamos antes todos juntos“, concretando ese “antes” en el ya antes mencionado verano escurialense del 92.

Anabel se estremeció al recordar aquel olímpico verano, mientras, casualmente, el DJ provocaba el batir de palmas de los invitados al pinchar el Amics per Sempre de Los Manolos. Un par de desengaños consecutivos, el final de ciclo que suponía llegar a la treintena, y una desaforada pulsión sexual la llevaron a querer experimentar y disfrutar de todos los placeres carnales, fraternales incluidos. Y así, tras la morbosa experiencia con su propio hermano, puso a prueba las habilidades sexuales de los hermanos Javier y Juan, tanto por separado… como juntos… y revueltos.

 

Pero lo que en el pasado fueron divertidas y morbosas experiencias, ahora resultaban muy incómodos recuerdos y realidades. Así, por ejemplo, tras el desliz con Jacobo, Anabel empezó a sentir celos de las parejas de su hermano, celos que alcanzaron la máxima cota con la que hoy era su cuñada, Maca. En cuanto a Javier, de éste sólo recordaba su insulso y vacío penecentrismo y su peligrosa querencia por el sadismo, la dominación y el sexo violento, no siempre consentidos. 

 

Visto el percal, Anabel decidió parar los pies al lanzado Javier. Sin embargo, éste no estaba dispuesto a aceptar un no de alguien que, en cierta forma, y dentro de su estúpida lógica javierana, había sido “suya”…
 

El pesado de Javier subió un grado el nivel de su insistente acoso y derribo; y ahora
ya no con aduladores requiebros o lisonjeros piropos, sino con
proposiciones deshonestas tan directas y explícitas como el desagrado
que producía en Anabel el escucharlas.
Una de ellas fue proponerle que buscase una excusa para acompañarle esa noche a su casa, donde podría administrarle una (según él) “merecida” lección de disciplina y sumisión en una muy equipada mazmorra que tenía en su sótano. 

Anabel, visiblemente contrariada, le dijo que no siguiese molestándola… y que buscase entre las invitadas a una “perra” que quisiera ser adiestrada, mientras maliciosamente dirigía con su mirada la de Javier hacia Macarena, la cual, como se comentó anteriormente, cotorreaba alegremente con Silvia.

Pero Javier, que ya estaba muy, muy verraco, no atendió a la maliciosa sugerencia de Anabel; ni a las indicaciones de Laura al DJ para que éste detuviese la música para dar paso a una sorpresa para Jacobo y Maca; ni tampoco advirtió la proximidad de Cosme, que ya había regresado de la mesa del bartender portando el ansiado Cosmopolitan en una de sus manos. Y así, haciendo merecido honor a su título de bocazas mayor del reino, Javier quemó toda sus naves con un perfectamente audible:

Anabel, esta noche, tarde o temprano, te voy a follar…

Y mientras se desvanecían en el repentinamente silencioso salón los ecos de su “… te voy a follar“, “… voy a follar“, “… a follar“, Javier sintió un repentino e intensísimo dolor testicular.

Miró hacia su dolorida entrepierna y comprobó como sus huevos eran estrujados sin piedad por una mano tosca y peluda, unida a un antebrazo aún más tosco y peludo, tatuado con una pica, un arcabuz y una alabarda sobre las que había una calavera, siniestramente sonriente, cubierta con un chapiri. Ese antebrazo pertenecía a Cosme… a Cosme Nabazo, antiguo sargento caballero legionario del Tercio “Gran Capitán”, y veterano en la infame guerra de Bosnia.



Sin apenas inmutarse, Cosme extendió la mano en la que portaba el Cosmopolitan con el fin de entregarlo a Anabel, y, sin dejar de mirar el rostro desencajado de Javier, que se retorcía de dolor cada vez que el sargento legionario aumentaba la presión sobre las ya muy maltrechas gónadas javerianas, le respondió con un:

Anda con cuidadito, gilipollas, a ver si el que te va a follar esta noche, soy yo.

Hermanos de leche…

Posted in Espuma, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 27 agosto, 2016 by Manolo Blog

(viene de aquí)

La fiesta estaba resultando muy divertida para todos los invitados y, especialmente, para Jacobo, el agasajado. Hacía tanto tiempo que no veía a alguno de sus amigos, y eran tantas las ganas de recordar los buenos momentos pasados, que le resultaba difícil contener la efusividad en los reencuentros. Entre abrazos, risas y sonrisas, todos los invitados pasaban por el photo-call para inmortalizar el momento, no sin antes ataviarse con coloridas pelucas, enormes gafas y brillantes sombreros…

Mientras, su hermana Anabel y su acompañante, Cosme, contemplaban la jubilosa escena desde la esquina del salón adyacente a la mesa en la que el bartender preparaba, con esmero y dedicación, múltiples y variados combinados. El calor de aquella noche de septiembre, unido a esos otros calores que una mujer madura siente ascender entre sus piernas al recordar algunas pasiones con alguno de los allí presentes, aceleraban el ritmo al que Anabel iba consumiendo sus Cosmopolitan con Grey Goose. Apuró el contenido de la copa martini y, no sin algo de desprecio, se dirigió a Cosme pidiéndole que se acercase a la muy congestionada zona del bartender para que le preparasen otro “Cosmo”.

Anabel no sentía ninguna atracción física por Cosme. Su aspecto viejuno, su bigotillo sazatornilesco y su jersey sobrehombrero de otros tiempos le causaban repulsión, aunque su repleta cartera hacía que las penas, con pan y pene, fuesen menos dolorosas… Mientras Cosme avanzaba posiciones lentamente en la atestada cola del bartender, Anabel oteó el horizonte. Vio a su hermano Jacobo feliz y excitado, deambulando ataviado con un sombrero pirata de uno a otro confín del salón. También alcanzó a ver a su, para ella repelente y odiosa, cuñada Maca cotorreando animadamente con su insípida amiga Silvia. Pero, finalmente, por esos quiebros que a veces depara el destino, su mirada se cruzó con la viciosa, y a esas horas ya algo vidriosa, mirada de Javier.

Javier siempre fue un caso perdido. Su padre, un acaudalado industrial de Villaviciosa de Odón, luchó lo indecible por sacarlo adelante matriculándolo en los mejores colegios de Madrid, pero Javier, al igual que su hermano pequeño Juan, atesoraba en idéntica proporción indolencia, vagancia, y amor por la dolce vita y el dolce far niente. Harto de malgastar tiempo, esfuerzo y dinero, cuando Javier cumplió 22 y Juan 18, papá les cedió una finca en El Guijo, con su yeguada y salón para eventos, con la que pudieran sostener su elevado nivel de vida y de vicios, farloperos incluidos.

Pero Javier y el trabajo, como el agua y el aceite, se sabían incompatibles, y en lugar de atender a la hacienda, atendía a todo aquello que le proporcionase placer inmediato. Y aquel verano tórrido verano del olímpico 92, lo más excitante eran las fiestas que Jacobo organizaba en el chalet que sus, en aquellas fechas ausentes, padres tenían en El Escorial. Allí estaban todos: Javier, Jacobo, Jorge, Juan y Jero, las 5 jotas, todos ellos chavalotes de cuerpos atléticos y bien formados, tumbados al sol o zambulléndose en la piscina tras arriesgadas piruetas estimuladas por la ingesta de una notable cantidad de cervezas y quien sabe si de otras cosas.

Aquella tarde también estaba allí Anabel, con su recién estrenada treintena… tratando de broncearse rápidamente para tener un tono adecuado para las ya inminentes vacaciones ibicencas. Ante el jolgorio y algarabía de los chicos, y las constantes salpicaduras, se levantó de la tumbona y subió a su habitación, no sin antes ser impertinentemente piropeada y silbada por la hormonada muchachada.

Una vez allí, Anabel comenzó a observarles furtivamente tras las cortinas de su habitación, mientras acariciaba con precisión quirúrgica uno de sus enhiestos pezones y su, en aquel momento muy excitado, clítoris… Y entre caricia y jadeo imaginaba a alguno de aquellos jovencitos follándola, empotrándola violentamente contra la pared… Pensó en Jorge… y se excitó. Pensó en Jero… y se excitó aún más. Imaginó a los hermanos Javier y Juan penetrándola salvajemente por delante y por detrás… y su bikini se empapó. Mmm… y hablando de hermanos, aún le faltaba poner la guinda más prohibida y morbosa en su lujurioso pastel…

Pero cuando ya estaba a punto de correrse, notó que alguien subía por las escaleras. Intentó asomarse a la ventana para echar un vistazo rápido a la piscina y saber quién podía ser. Descartó a Jorge, a Juan y a Jero, pues estaban tumbados, junto a sus cervezas. Quien fuera que fuese se detuvo ante la puerta. Anabel contuvo la respiración, y se dejó caer lenta y silenciosamente en la butaca, mientras su corazón y su sexo palpitaban al unísono… Tras unos movimientos que no supo identificar, y el sonido de algo elástico y empapado cayendo al suelo, de pronto, la puerta de la habitación se abrió, y una hermosa, y quizás también algo familiar, polla apareció ante sus ojos… y sus labios…

Mando a distancia…

Posted in Brisa, Fantasías, Realidades virtuales on 27 agosto, 2016 by Manolo Blog

(viene de aquí)

Jacobo, acompañado por la Relaciones Públicas del hotel, abrió la puerta de lo que se suponía que iba a ser una sala de reuniones. Se sorprendió al ver que todo estaba a oscuras. Pero su sorpresa fue mayor cuando, de repente, se encendieron las luces y, una multitud le vitoreaba mientras sonaban los acordes de “Es un muchacho excelente“… A los pocos segundos, Maca se adelantó y, con cierto comedimiento, lo besó, tras lo cual, todos los asistentes prorrumpieron en “ohhhh“s y “qué bonito“s mientras regalaban a la pareja una estruendosa ovación.

Tras los besos, los saludos, los abrazos y las risas de rigor… las luces de la sala volvieron a apagarse. Esta vez era para proyectar un vídeo que recogía fotografías, vídeos y recuerdos de la pareja, de sus amigos, de sus viajes y de sus hijos… Las emotivas imágenes provocaron más de una lagrimilla en Jacobo… ante lo cual, Maca, extrañamente solícita, procedió a consolarlo con un abrazo, eso sí, con la mirada puesta en el expectante tendido, al que, con el arqueo de las cejas y ladeando levemente la cabeza, parecía pedir comprensión por la “debilidad” del homenajeado.

Finalizados el vídeo y las lágrimas, comenzó a sonar la música seleccionada por el DJ y los invitados, algunos con bastante ansia y ahínco, buscaron las cercanías del cortador de jamón.

Música, comida y bebida, pelucas y fotos en el photo call… Más bebida… Efusivos reencuentros con los viejos amigos… La fiesta estaba empezando a ponerse divertida…

Fernando, en un patético intento de parecer casualmente encontradizo, se dirigió hasta donde estaban charlando animadamente Laura y Silvia. Fernando era buen tío, a pesar de ser abogado, pero tanto su físico como su conversación carecían de encanto e interés para el sexo contrario. Así que en cuanto Silvia vio venir el percal, sin el más mínimo disimulo, se alejó para buscar a Maca…

Fernando trató de entablar algo de conversación con Laura, preguntándole por su trabajo, por sus hijos, por su ausente marido… Laura, educadamente, respondía al insulso interrogatorio, mientras buscaba desesperadamente con la mirada a sus huidas y esquivas amigas… En no hallándolas, y habiendo sido estimuladas sus ganas de fumar por la trivial cháchara fernandina, cogió el bolso y le indicó que saldría al jardín a fumar. Para su desesperación, Fernando se ofreció a acompañarla…

El amplio jardín del hotel tenía unas mesas y sofás, en plan chill-out. Se sentaron y Laura rebuscó en el bolso un paquete de tabaco y un mechero. Encendió un cigarrillo aspirando con cierta ansia mientras Fernando la miraba embobadamente embelesado… Laura era consciente de que el triste Fernando sentía por ella cierta veneración. Aspiró otra calada y miró al cielo anaranjado de Madrid… Miró a Fernando… y le pidió que fuese adentro a por gin-tonic. Este obedeció, complaciente y diligentemente. Laura, sorbió un trago… y otro, entre calada y calada. Volvió a mirar a Fernando, esta vez inquisitivamente… ante lo cual, éste, con cierta vergüenza, bajó la cabeza. La última calada… el último trago. Se levantó, metió la cajetilla en el bolso y cuando parecía que iba a hacer lo mismo con el mechero, lo dejó caer, intencionadamente, al suelo. Fernando se arrodilló para recogerlo, momento en el que Laura, con voz pausada pero enérgica, le ordenó:

Lámeme el pie…

Tres… eran tres…

Posted in Lo que me gusta..., Realidades virtuales on 27 agosto, 2016 by Manolo Blog
Macarena era hija única. Su padre, un muy conocido abogado de Madrid que amasó una pequeña fortuna en las postrimerías del franquismo y que se hizo célebre defendiendo a uno de los máximos implicados en el 23F, había fallecido hace poco más de un año. Su madre padecía Alzheimer y estaba recluida en la finca que la familia tenía en Caravaca. A pesar de tener 8 tíos, todos de edad muy avanzada, sólo uno de ellos había tenido descendencia. Así que salvo su primo Fernando, abogado como ella, apenas tuvo familiares jóvenes con los que relacionarse. Quizás por ello, consideraba como auténticas hermanas a Silvia y a Laura, dos compañeras de la promoción 1989-1994 de la licenciatura de Derecho y Relaciones Internacionales de ICADE.
Aquellos fueron años intensos, divertidos y algo locos. Durante su época universitaria, Macarena conoció a Jacobo, alumno también de ICADE. Por conveniencia y sin mucha fe en el futuro de la relación, Silvia decidió dar una oportunidad a Juan Manuel, un muchacho que vivía en su urbanización, que atesoraba dos cualidades para ella imprescindibles: cuerpo escultural con personalidad manipulable. Laura, mucho más introvertida y tímida pero también serena y cabal, nunca tuvo especial interés por nadie, así que prefirió concentrarse en sus estudios y servir de compañera, acompañante, confesora y pañuelo de lágrimas a sus “hermanas”.
Como muchas parejas jóvenes, Macarena y Jacobo tuvieron sus altibajos, sus idas y venidas… Apenas apagado el eco del Gaudeamus Igitur de la graduación, Macarena decidió abrir un paréntesis para vivir la vida. Cortó con Jacobo y, con muy poco esfuerzo, convenció a Silvia para pasar juntas las vacaciones en Ibiza. Fueron dos meses locos de playa, fiesta y sexo compulsivo e inconexo, cuya crónica decidieron mantener en secreto… incluso para Laura.
Pasados los excesos veraniegos, las aguas retornaron a su cauce. Maca decidió retomar la relación con Jacobo, que acaba de ser contratado como broker por una por aquellos tiempos desconocida compañía norteamericana de servicios financieros. Silvia convenció a Maca para crear un pequeño bufete que, al abrigo del de su padre, les permitiese ganar experiencia en el ejercicio de la abogacía. Finalmente, Laura consiguió un puesto en una madrileña Caja de Ahorros y Monte de Piedad, ahora muy célebre por sus tarjetas black.
Y poco a poco, se fueron haciendo mayores…
Macarena se casó con Jacobo, y fruto del matrimonio nacieron tres niños. Silvia intentó mantener la relación con Juan Manuel, pero sus inseguridades y sus peligrosos flirteos con las drogas terminaron por dar al traste sus intentos; pasado un tiempo, y tras algunos tumbos sentimentales de poca entidad, conoció a Víctor, directivo de una empresa farmacéutica israelí, que le proporcionó una acomodada, aunque quizás también monótona existencia y, sobre todo, la maternidad que tanto deseaba. Y para no ser menos, Laura también encontró en Julián, que tenía una empresa de software de gestión de eventos deportivos, su media naranja, y ahora es una feliz madre de dos naranjitos.
Y llegaron los 40…
Macarena se sentía en deuda con Jacobo desde que él le preparó una fiesta sorpresa para celebrar su cuarentena. Así que coincidiendo con su 45 cumpleaños, organizó una fiesta sorpresa en el Hotel Monte Real, muy cerca de su casa. La idea era hacer creer a Jacobo que esa noche, a las 22:00, se celebraba una reunión de los socios del Real Club Puerta de Hierro en la que era indispensable su presencia.
Silvia dejó a las mellizas en casa de su madre. Era la primera vez, tras su maternidad, que salía sola por la noche, ya que Víctor, como cada quincena, había viajado a Santander para pasar el fin de semana con su hijo mayor, fruto de una relación anterior. Laura, que también se encontraba sola, pues Julián estaba en México dando soporte a unos campeonatos panamericanos de atletismo, quedó con ella para recogerla a las 21:00. No sin alguna dificultad en el aparcamiento, llegaron al Hotel en hora.
Una empleada del hotel las condujo a un salón privado, en donde se encontraba Maca y algunos de los invitados. Maca estaba muy nerviosa y excitada, por lo que Laura, siempre tan pendiente de todo, la abrazó tratando de tranquilizarla. Maca tenía la lágrima fácil, y con tantas e inminentes emociones no logró contenerla. Silvia, con ambas manos acarició sus mejillas y, haciendo gala de sus dotes de persuasión, la convenció de que todo saldría estupendamente y, cambiando de tercio, le pidió que les enseñase lo que había preparado. Maca, mucho más animada, cogiéndolas de la mano, las llevó a un rinconcito donde había un photo-call con un montón de coloridas pelucas, sombreros y gafas y en cuyo fondo había un collage de fotografías con todos los momentos especiales que había vivido con Jacobo. En otra esquina, había una mesa con una tarta conmemorativa. En el lado opuesto, estaban preparados un cortador de jamón y un gin bartender para el cocktail. Al fondo, un DJ estaba poniendo a punto sus equipos. Finalmente, y muy cerca de la puerta de entrada, había una pantalla de proyección. En el exterior del salón había una terraza con un chill-out para conversaciones sosegadas, o bien, para los que los fumadores aliviasen su adicción.
Poco a poco fueron llegando los invitados, y Maca, solícita, procedió a saludarlos y a instruirlos para que todo saliese perfecto. Entre ellos estaba la hermana de Jacobo, Anabel, a la que odiaba, la cual venía acompañada de un tipo bastante maduro, con cierto parecido a José Sazatornil, que calzaba unos rancios naúticos Pielsa. Tras ellos, llegó Fernando, el único pariente vivo de Maca de menos de 75 años de edad, que, después de saludar a la anfitriona, en cuanto vio que Laura no estaba acompañada de varón, se acercó a ella tratando de entablar una conversación, o quizás algo más. Más tarde, y en grupo, llegaron los amigos de Jacobo de El Escorial. Todos venían acompañados de sus parejas, salvo Javier, que venía solo…
Tras unos minutos de tensa espera, desde la recepción advirtieron a Maca de la llegada de Jacobo. Ésta, nerviosa, pidió silencio con el dedo índice sobre sus labios… y las luces del salón se apagaron…

Un momento de debilidad

Posted in Deseos, Emociones, Realidades virtuales, Tempestad on 10 abril, 2016 by Manolo Blog

Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción. 
Joaquín Sabina 

En cierta forma, me había olvidado de ella… Y es que había pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos, que ya se habían evaporado tanto mis ganas de recuperar el contacto, como la sensación de vacío que provocaba su ausencia.

Quizás porque es un mecanismo de protección, o de supervivencia, el olvido libera espacios que, a poco que uno quiera y le dejen, pueden ser llenados con sensaciones y emociones nuevas; y a este respecto, el que ella había dejado estaba ahora bien repleto.

Pero sorpresas te da la vida, y la vida te da sorpresas…

Aquella mañana de viernes, como tantas otras a esa hora, avanzaba distraído por el finger para acceder al interior del avión. Franqueé la puerta de acceso, esperando recibir el cortés y habitual saludo de bienvenida del sobrecargo del vuelo… pero lo que hallé no fue un “buenos días”, sino la inquisitiva mirada silenciosa de sus ojos de miel y su pelirroja y desordenada melena.

Joder… el mundo es un pañuelo… y tú y yo somos los mocos.

Sólo fui capaz de decir un previsible “cuánto tiempo…“, al que ella correspondió con otro no menos predecible “sí, mucho…” al que añadí un “demasiado…” pero de pensamiento. Como quiera que el resto del pasaje estaba impaciente por ocupar sus asientos, puse fin al primer acto de nuestro reencuentro y me dirigí rápidamente al mío: 6C, pasillo.

Poco después, cuando nos dirigíamos a la pista de despegue, comenzó la habitual demostración de las medidas de seguridad del vuelo.

Si esto ocurriera, tiren fuertemente de la máscara, colóquensela sobre la nariz y la boca, y respiren normalmente.

Ese día, más que nunca, presté toda mi atención a cada una de sus instrucciones y coreografía asociada. Me encantaba la seguridad que demostraba cuando cerraba la hebilla del cinturón… y el acento posh de su cuidadísimo inglés british. Pero cuando mi imaginación se desbordó, fue en el momento de enfundarse el chaleco salvavidas sobre su ceñida blusa: tomó entre sus dedos las dos boquillas rojas, que al estar situadas justo encima de sus pechos semejaban dos erizadísimos pezones, y las metió secuencialmente en su boca… haciendo el ademán de insuflar aire por su interior. No es de extrañar que con mi calenturienta imaginación, mi cada vez más inflamada polla pudiese salvar, caso de amerizaje, a toda la tripulación…

Una vez alcanzamos la altitud de crucero, 28.000 pies, cerró la cortinilla que nos separaba de primera clase… Mierda… ya no la podía ver. Por suerte, poco después, y aprovechando que las otras azafatas estaban bloqueando el pasillo con el servicio de catering, se acercó hasta mi asiento, quedándose agachada en cuclillas a mi lado.

No era hora de reproches, pero no pude evitar reprenderla por haberse marchado sin dejar rastro. No era justo haberme cerrado la única vía de acceso y contacto que teníamos para programar nuestros furtivos y prohibidos encuentros.

Puedo comprender que las circunstancias pueden obligarnos a desaparecer, a cortar ciertos caminos, a evitar el peligro de las tentaciones… Es normal… Pero también hay que darse cuenta de que tratamos con personas… con personas que tienen, entienden y comparten emociones, sentimientos… aunque a veces queden ocultas enmascaradas entre los diversos ropajes que envuelven a la pasión y el deseo más animales.

Arqueó las cejas… y suspiró… mientras asentía balanceando la cabeza, y, aunque no era lo que pretendía, aceptó mis razones… Nos miramos en silencio… pero el trajín de un vuelo tan corto no permitía muchas florituras comunicativas. Tomó la revista Ronda Iberia y apuntó en una de sus hojas un teléfono.

Llámame… estaré hasta el sábado al mediodía… 

El resto, se puede imaginar…

Centro de atención…

Posted in Deseos, Realidades virtuales, Tempestad on 7 julio, 2015 by Manolo Blog
Lo que necesito es ser indispensable para alguien. 
 Necesito a alguien que ocupe todo mi tiempo libre, mi ego y mi atención. 
 Alguien adicto a mí. 
 Una adicción mutua. 
Chuck Palahniuk

Llegó a la segunda mitad de la treintena con todos los deberes hechos: un matrimonio con un valor en alza, una parejita de vástagos adolescentes, un envidiable status profesional y social y un círculo de amistades al que exhibir sus logros y éxitos… 
Su vida era absolutamente perfecta… y aburrida.
Si bien todo eran sonrisas, arrumacos y carantoñas en el exterior, en la intimidad de su alcoba todo era desinterés y quizás también algo de desdén. Las carreras en alza requieren dedicación plena, y tras una dura jornada, los cuerpos piden descanso… y no demasiada excitación. En más de una ocasión llegó a pensar si era transparente… si él la veía; y si al verla sentía algo; y si de sentir algo, eso podría llamarse deseo… Pero a la luz de las evidencias, en su perfecta y aburrida vida el deseo brillaba por su ausencia.
Así que decidió pasar a la acción… 
Aunque al principio declinaba las invitaciones, pues le parecía que aquello era más propio de impúdicas cuarentonas insatisfechas, un día aceptó participar en una reunión de tuppersex. Entre risitas cómplices y fingidas expresiones de sorpresa y admiración, pensó que un conjunto de lencería provocativa junto a un par de trémulos juguetitos podrían poner un poco de picante y fuego en su mustia vida marital. Pero su intento resultó baldío… porque los valores en alza no siempre tienen sus miembros al alza… al menos en casa.
Ella sospechaba la infidelidad… pero prefería no indagar. A fin de cuentas, pasado el furor del flechazo de juventud, lo que ahora más le gustaba de él es que le proporcionaba el adecuado modus vivendi para sacar adelante a la prole y a su carrera profesional. Y así, mientras se contemplaba en el espejo de su baño,  pensó que lo mejor era no hurgar en tan complejo asunto; aunque, bueno, puestos a hurgar, pensó que era una ocasión perfecta para que uno de sus nerviosos y alargados juguetitos hurgase en el interior de su sexo. 
Pero aunque las pajas tienen muchas ventajas, como la inmediatez y la precisión, su exceso puede llegar a ser frustrante… Así que cambió el objetivo. Lo que quería era sexo… sexo con un hombre que la desease… que la comiese con la mirada… que la levantase en el aire sujetándola por las nalgas y que la follase violentamente empotrándola contra la pared…  
Pensó que no le resultaría nada difícil encontrar hombres que la codiciasen. Es más, podía elegir al azar; a uno cualquiera… A fin de cuentas, la flamígera combinación de su mirada azul y su sonrisa de fresa era capaz de incendiar el deseo masculino… por no mencionar que los demoledores argumentos de su atractiva y curvilínea silueta, sobre la que apenas había hecho mella su doble maternidad, serían capaces de doblegar cualquier reticencia.

Empezó a buscar…

Al principio no sabía qué… Probó con sexo explícito… Tras unos días de espera, la búsqueda dio resultados. Fue un escueto y misterioso “hola”, que despertó su curiosidad felina. Y tiró del hilo… como Ariadna. Con las precauciones debidas, concretó una cita con la que examinar la calidad del género del minotauro. Aun sabiendo que ambos se escondían bajo máscara y disfraz, todo resultó mejor, y más fácil, de lo esperado: aquella mirada viril le transmitía el deseo que le había sido negado, deseo que estaba a punto de derretirla cuando esa mirada se deslizó, indiscreta, en el interior de su pronunciado escote… Además, ella no podía ocultar, también, que aquel tipo sonriente le gustaba… y la excitaba. Miel sobre hojuelas…

Pactaron disfrutar del sexo y deseo sin contemplaciones y sin límites, salvo el de mantener la privacidad e intimidad de sus respectivas y reales vidas. E inicialmente lo consiguieron… y lo disfrutaron… Probaron todas las opciones, posturas, posiciones, vías, juegos y retos… Cada sesión de ultrasexo provocaba que un torrente de deseo fluyese desbocado y a raudales entre sus piernas. Tanto era el placer, que su coño se convertía en gelatina durante los días previos a uno de sus fogosos encuentros sexuales tan sólo imaginando las perversiones, vicios y disciplinas que pondrían en práctica. También es cierto que después de los excesos se sentía un poco culpable. Con todo, cualquier atisbo de culpabilidad se desvanecía en cuanto el valor en alza se giraba hacia el otro lado, con cierta indiferencia, en la cama… para dormir.

Estaba enganchada… Demasiado, quizás. Y eso le preocupó… ¿Qué viabilidad tendrían aquellos polvos clandestinos? ¿Cuántos problemas podrían acarrearle? ¿Su amante bandido era de fiar? ¿Serían ciertas sus lujuriosas palabras de deseo lascivo? ¿Y si esas mismas palabras fuesen regaladas a otros oídos? ¿Y si también se estaba follando a otras? Y ya puestos, ¿por qué ella no probaba a follar con otro? 

Todas esas preguntas, y especialmente las respuestas que encontraba, la ponían cachonda… Se ponía cachonda pensando en sexo… En sexo no ya con otro hombre, pues de eso ya estaba suficientemente abastecida y complacida, sino en sexo múltiple… En sexo con varios hombres… con desconocidos… Le excitaba mostrarse y exhibirse enfundada en lencería sugerente, pompones en sus pezones, ligueros, medias de rejilla y tacones de aguja… Se humedecía imaginando que era capaz de desatar la pasión allí donde se encontrase.

Una de sus fantasías favoritas era sentirse observada por su marido mientras lamía la polla a un desconocido en un lugar público. Sus braguitas se humedecían aún más cuando imaginaba que, mientras sus labios y lengua se lucían en una felación sin tregua, otro desconocido podría acercarse a ella por detrás para, levantando su mínima faldita, meter su desconocida polla entre sus muslos… para follarla, naturalmente.

Y ya puestos, por qué no encaramarse sobre uno de ellos y tumbarse hacia adelante con la doble y perversa intención de ofrecer sus pezones para ser mordisqueados y, a la vez, provocar con alevosa intención a la verga del otro para que ésta se abriese camino violentamente entre sus nalgas. Mmm… estaba supercachonda imaginando el doble placer que sentiría con dos pollas palpitantes horadando su interior; dos pollas salvajes luchando entre ellas por ver cuál era la que más profundamente la penetraba; dos pollas a las que domesticar, aun por la fuerza, hasta conseguir que, exhaustas y vacías, descansen, inofensivas, entre sus labios…

El placer sería triple si un tercero, también desconocido, se pajease en su boca, empujando rudamente su cabeza, ahogándola hasta conseguir llenarla de caliente orgullo y satisfacción… Y qué decir si un cuarto y un quinto acertasen a dejar al alcance de sus manos sus respectivas vergas de forma que pudiese pajearlas rabiosamente hasta conseguir que ambas dibujasen, con trazos de espesa y blanquecina esencia masculina, una expresión de lúbrica felicidad sobre su cara.

No… no quería contentarse con una sola polla.

Quería ser una niña mala para tenerlas todas…

Aunque también es verdad, pensó mientras recuperaba la respiración y retiraba poco a poco de su sexo húmedo, dilatado y convulsionado su palpitante juguete favorito, que no era tan mala idea eso de contentarse con el pájaro en mano, más que con ciento volando…

Aprendiendo… enseñando…

Posted in Deseos, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Reflexiones on 7 julio, 2015 by Manolo Blog

Todo el mundo tiene boca, labios y lengua…

Todo el mundo tiene manos y dedos…
Todo el mundo tiene sexo… 
a veces dormido…
otras despierto.

Pero créeme cuando te digo
que nadie en su uso y disfrute
te supera en destreza.

Y ahora quiero que demuestres tus progresos…
y espero que me sorprendas…
porque de lo contrario…
no pararé….
… hasta que aprendas.