Fóllame…

Posted in Sin categoría on 28 diciembre, 2018 by Manolo Blog

Acerco mi lengua
a las orillas de tu sexo… Basta una suave caricia
para que aflore
el rocío salado
que evidencia
su impaciencia
por ser profanado.Me embriaga
su intenso aroma
a hembra cachonda,
a sirena seductora

y lasciva que persigue
nublar los sentidos
del mismísimo Ulises.

Pero atado al mástil
mantendré la calma, si es posible…

Me sumerjo en sus profundidades…
explorando cada rincón…
cada borde, cada pliegue,  cada detalle
en busca de tu perla…
de tu dulce perla…
Mmm… ya es mía… sólo mía…
Me recreo en las caricias,
presionándola y
mordisqueándola
 con la precisa proporción
de placer y dolor
que transforma tu sexo
en un géiser borboteante y violento
de húmedo y ardiente deseo.
Y ya no me detendré más…
y haré que tu boca escupa
la obscenidad esdrújula,
mitad orden, mitad ruego,
que obedeceré al momento
para destapar
nuestra caja de los truenos.

El deseo de los feos

Posted in Sin categoría on 28 diciembre, 2018 by Manolo Blog

No voy a comentar aquí la razón por la que tuve que acudir a urgencias. Es algo que sólo me compete a mí y a la persona que aquella noche me acompañaba. Tampoco voy a revelar su nombre, porque a Brenda le gusta permanecer en el anonimato. Y mucho menos desvelaré más detalles sobre ella. Sólo diré que es venezolana, concretamente caraqueña, y beligerante antichavista. Tal como la describen mis amigos, y especialmente mis amigas, es muy intensa… demasiado, a veces. No quisiera abrumar a mis lectores con más datos, así que, por último, mencionaré que mide 1’75 m., y que combina con absoluta elegancia y encanto una rubísima melena, brillante como el sol, unos deslumbrantes ojos azules, tan azules como el Mar Caribe, unos labios rojos de coral y unas armoniosas proporciones de 90 60 90.

El caso es que aquella noche, Brenda y yo decidimos afrontar unas complicadas y arriesgadas escenas amatorias en las que ella, disfrazada de enfermera con un sensual uniforme blanco de corta faldita de vuelo, procedería a aplicarme una profunda y exhaustiva revisión por mis recién cumplidos 100.000 km. Y así fue…

Alegando cumplir con protocolos de prevención de riesgos laborales, Brenda me inmovilizó con unas correas atándome a la camilla. Además, me enfundó un antifaz, esta vez para, según ella, proteger mi derecho a la privacidad. Una vez cegado, atado y tumbado sobre la camilla, requirió mi consentimiento para permitirle que explorase libremente hasta el último rincón de mi cuerpo. En fin, no eran condiciones muy distintas a las que nos somete un banco cuando firmamos una hipoteca o cuando instalamos una app en el móvil. Así que, pensando en que lo verdaderamente importante es la salud, pulsé aceptar y accedí…

Entre auscultaciones, palpaciones, masajes, y alguna que otra profanación digital insolente, fue subiendo mi temperatura. Y mi fiebre subió repentinamente cuando noté que una de sus manos se ahuecaba para sopesar mis gitanales, digo genitales. Al ver mi reacción, me preguntó con aparente interés si me dolía ahí. “No, no… que va, al contrario…”  pensé para mis adentros, aunque de mi boca brotó un traicionero “Sí, sí…  justo ahí me duele“. Y claro, ante aquel síntoma de dolor, Brenda me indicó que procedería a explorar más concienzudamente esa zona, esta vez examinándola… oralmente. Y claro, mi dolor fue a más…

El nada inocente roce de sus manos, la cálida humedad de su boca y las lujuriosas, a la par que lascivas, caricias de su lengua, provocaron una repentina arritmia que, de no haberme distraido con  pensamientos desfibriladores, a punto estuvo de terminar en una inoportuna y profiláctica corrida. Y justamente, para evitar que el tratamiento a mi dolencia finalizase antes de tiempo, le sugerí que disminuyese la dosis indicándole, y empleé un eufemismo, que “mi fruto ya estaba maduro”.

Pero fue mencionar el desafortunado término “Maduro”, y sentir cómo Brenda cerraba epilépticamente su boca sobre mi aún convaleciente miembro, y cómo sus dientes traspasaban la tenue piel que lo envuelve. Juder…. qué dolor… Pero el dolor no era lo más grave…  Lo grave es que el mordisco había producido un desgarro del que empezó a manar abundante sangre. Ante lo complicado de la situación, y viendo que mi herida no tenía fácil remedio ni cura, Brenda aplicó un fuerte vendaje a mi verga y me condujo al hospital más próximo, no sin antes pedirme mil perdones por no haber podido controlar su furia antichavista.

Con grandes dificultades al andar, debido a lo apretado del vendaje, nos dirigimos al mostrador de urgencias, donde nos atendió un amable recepcionista. Con cierta vergüenza y azoramiento, le describí el origen y alcance de mi lesión. Sin levantar la mirada de su monitor, me dió de alta en el sistema e imprimió un ticket que indicaba mi turno. Brenda salió afuera a fumar para relajarse, y yo me senté en la sala de espera…

Junto a mi estaba una pareja de unos 40 y muchos años, junto a quien debería ser su hija. Una niña pequeña, muy bonita, de unos tres o cuatro añitos, que respiraba con dificultad. Le habían puesto unas gafas nasales a través de las cuales le administraban oxígeno. En su dedito tenía un sensor con el que le monitorizaban la saturación de O2 en sangre. La niña estaba en brazos de su madre, una mujer menuda vestida de negro de pies a cabeza: zapatos de charol negros, pantalón y jersey de cuello vuelto negros, y gafas de pasta… negras. La negrura de su atuendo contrastaba con la palidez de su cara, que rayaba en lo enfermizo. Su cuerpo, sin ser delgado ni grueso, carecía de curvas o de signos visibles de feminidad. Les acompañaba quien debía ser el padre, un tiarrón bastante grande, que sin llegar a ser obeso mórbido, poseía un insalubre Índice de Masa Corporal. También tenía gafas, de metal dorado. Alopécico, presumo que calvo prematuro, y de piel átona y blanquecina, encarnaba todo lo contrario a lo que hoy puede denominarse un hombre sano.

A ver… yo no soy el arquetipo de lo bello (aunque Brenda sí, que conste), pero esa chica y ese chico eran, lo que se dice, feos…  Era tan manifiesta su fealdad, que, a pesar de mi reconocida inventiva y creatividad, era incapaz de visualizarles en el momento en el que se conocieron… o cuando notaron el primer chisporroteo del amor… o cuándo él, bajo el palio de la luz crepuscular de un atardecer de verano, endulzó sus oídos con un qué guapa eres… 

Tampoco puedo concebir qué es lo que hicieron el día en que engendraron a tan bonita niña. Por las dimensiones de ambos, supongo que ella estaría encima… y él debajo. Quizás fue ella la que llevó la iniciativa… moviéndose de adelante hacia atrás… poniendo las manos sobre su tripuda barriga para no perder el equilibrio… y llegando a un éxtasis silencioso… que a él dejó con más incógnitas que certezas….

Fuese como fuese, el caso es que de aquellos polvos surgieron los lodos que trajeron al mundo a esa preciosa niña. Niña a la que deseo, de todo corazón, que se recupere lo antes posible… y que sea muy feliz…. junto con sus padres…

Joder… la de cosas que se piensan mientras esperas en urgencias…

S23, pase al Box número 5… S23, pase al Box número 5.

Es mi turno… Brenda aún no ha regresado… Entro en el Box (de Chanel) número 5… Previendo que fuese necesario mostrar mis heridas, decidí desabrocharme la camisa y el pantalón y desnudarme. De nuevo estaba tumbado sobre una camilla, y expuesto… aunque esta vez esperando a un doctor de verdad, titulado, espero que no con un Master de la Rey Juan Carlos… Vaya… qué embarazosa situación… jueves, noche, en urgencias y en pelotas con la polla ensangrentada por un mordisco caraqueño…

Y cuando estaba ensimismado envuelto en mis pensamientos y tribulaciones, oigo al doctor abrir la puerta del Box y decirme, con un familiar y femenino tono de voz:

Hombre, Manolo… me lo estás poniendo muy fácil esta vez…

(Mierda… es ella… mi segunda ex… El mundo es un pañuelo).

Nieve en polvo… y viceversa

Posted in Deseos, Fantasías, Tempestad, Tentación on 11 noviembre, 2018 by Manolo Blog

Fin de semana, y ya hemos tenido las primeras nevadas de la temporada…

Preparo la ropa, guantes, botas, gafas… Coloco las tablas y los esquís, perfectamente encerados, en la baca, y los bastones y resto de equipamiento, en el maletero. Compruebo que llevo el forfait de temporada en la cartera. Sí. Todo listo… Me dirijo a la estación de ski.

Nieve en polvo… casi dos metros de espesor. Religiosamente, espero el turno en el remonte. En cuanto puedo, activo el Arva y salgo fuera de pista…

Empiezo a bajar, zigzagueando de aquí a allá… alejándome de la muchedumbre… Desciendo por una pista negra…  El peligro merece la pena… Ya la veo… Nieve virgen..  resplandeciente… crujiente… excitante y suave como el pubis rasurado de los dieciocho años.

De pronto, alguien pasa a mi lado como una exhalación… Me desequilibra y caigo de bruces sobre la nieve. Me incorporo algo aturdido. ¿Quién es? Es una mujer. Lleva un kubanka en la cabeza, y va enfundada en un largo abrigo de pieles…

Intento seguirla… o perseguirla… no sé muy bien qué. Esquía muy bien, y me cuesta alcanzarla. Me rindo: es imposible; la pierdo de vista… Pero unos metros más allá, en la espesura del nevado bosque, vuelvo a verla. Diría que me estaba esperando…

Extiende su abrigo sobre la nieve, a modo de colchón… Para mi sorpresa y regocijo, no llevaba nada por debajo, salvo un chaleco, también de pieles. Se arrodilla, echando su cuerpo hacia adelante y apoyando las manos en sus muslos… Sonríe…

No sé qué hacer… La miro… me deleito en la sensualidad de sus curvas; en la voluptuosidad de sus nalgas; en la perfección de sus tetas; y en la dureza de sus pezones… No he llegado hasta aquí para darme la vuelta, así que opto por la solución más sencilla… por la navaja de Occam…

Desabrocho mi pantalón… Mis rodillas se hunden en la nieve… Estoy tan excitado que apenas siento el frío…  Separo sus piernas… y con mi mano dirijo alevosamente mi sexo enhiesto hacia el suyo…

De pronto… un ruido. Miro hacia atrás bruscamente. No… no es nada…

Ella también se ha girado. Ahora, mi polla ha quedado justo en frente de su boca. Vuelve a sonreir.

La engulle lenta y profundamente.

Sujeto con mis manos su cabeza. Quiero que se mantenga en el sitio, y ser yo el que entre y salga, a un ritmo suave. Otra cosa me llevaría a la meta demasiado rápido, y ahora no quiero prisas. Soy consciente de que le dejo poco margen de maniobra. Aun así, mueve su lengua con destreza, acariciando lascivamente mi verga, que, feliz de hallarse en tan caliente prisión, palpita llena de esplendor.

Balanceo mis caderas empujándolas hacia adelante y hacia atrás, metiendo mi miembro y sacándolo de su boca…  Pero no mucho, sólo un poco, evitando que salga totalmente fuera. Siento la presión de su lengua, la succión de sus labios y la cálida humedad de su saliva conspirando para aplicarme con exquisita precisión la justa dosis de excitación…  Cierro los ojos. Mmm…

Casi al borde del precipicio del placer, consigo detenerme. Empujo hacia atrás su cabeza…  Me mira en silencio… combinando en perfecta proporción provocación, perversidad e inocencia… Con un gesto, le indico que recupere la posición inicial… Sí… así… mirando a Cuenca… o a Teruel, donde los amantes…

Mis dedos vuelven a merodear las cercanías de su sexo palpándolo con delicadeza. No oculta su excitación… quizás más debida a que desconoce lo que le voy a hacer, que a la pericia de mis lúbricas caricias… Me reta separando sus piernas y hundiendo su pecho en el abrigo, exponiendo sin ambages su sensual feminidad y mostrando claramente el evidente camino que desea seguir…

A duras penas, mantengo la calma…

Me distraigo recorriendo con la mirada su dorso desnudo…

Pero mis dedos no se resignan a un papel secundario… y por su cuenta y riesgo deciden deslizarse por el surco que nace en su cuello, prosigue entre sus hombros y asciende por sus lumbares…  Ya en el inicio de la frontera que separa sus nalgas, dibujan un círculo… que se convierte en otros dos y que acaban convergiendo en el símbolo del placer más infinito…

El trazo de mis dedos prosigue aguas abajo… Sin mediar orden consciente alguna, mi mano se gira…. ahuecando su palma para amoldarse a la forma de su anatomía femenina….

Mi dedo corazón -¿cuál si no?- se aventura entre los pliegues de su sexo…. Qué contraste: frío, calor y humedad… mucha humedad. Retiro mis dedos para deleitarme con su olor y sabor… Pero el frío es tan intenso, que su húmeda excitación se convierte en pocos segundos en una delicada escarcha que adorna mis dedos…

Mmm… la saboreo lentamente… mmmm…. qué delicia…

Mis ojos topan con su mirada… es fascinante…  Con un leve arqueo de sus cejas, requiere mi acción…  Sí… la voy a follar ya… sin más demora…

Empujo con fuerza mi cuerpo hacia adelante, conduciendo mi sexo hacia el suyo… Siento como su carne se abre para mi mientras la penetro con una mágica y profunda embestida. No pecaré de impaciencia… así que disfrutaré con calma este primer sorbo de placer. Coloco mis manos en sus caderas y las empujo hacia mi…. Quiero llegar a lo más profundo de su deseo… Aprieto más fuerte, tensando mis nalgas… Mis manos se aferran con fuerza a sus caderas. Vuelvo a empujarla hacia a mi…  Un gemido escapa de sus labios… y un ronco rugido de los míos. Ya estoy… ya estamos…

Ahora puedo sentir la suave presión de su sexo envolviendo al mío… Ahora siento la cálida humedad de su pasión desbordante desquiciando mi temple… Siento la incitante dureza de sus nalgas retando a mi aplomo. No, no caeré en sus provocaciones y trampas…  Me quedaré así,  aparentemente inmóvil, hasta hundirme y fundirme dentro de ella…

De pronto, otra vez el ruido.

Final A:

En realidad, sufrí una caída mientras esquiaba fuera de pista. No me puse el casco,  y me golpee la cabeza con una roca, perdiendo el conocimiento (aunque es difícil perder algo que no tengo). El Arva no se activó, y poco después de una hora, fallecí por hipotermia. Nadie lloró mi pérdida, ni reclamó mi cadáver. Pasados 10 años, y probablemente a causa del
calentamiento global producido por la prematura erradicación de los
vehículos diésel, por fin descubren mi cuerpo congelado…

Final B:

El sonoro e intenso percutir de las carnes unido a nuestros gemidos y bramidos de pasión provocaron una repentina avalancha que nos sepultó… Pasados 10 años,  y probablemente a causa del calentamiento global producido por la prematura erradicación de los vehículos diésel, alguien descubre las figuras congeladas y abrazadas de los dos amantes… Nadie, a día de hoy, sabe aún quiénes son…

Final C:

El ruido procede de los árboles. Hay alguien allí…. escondido, observándonos… Ella no se inmuta. Pero cuando iniciaba el ademán de retirarme para ganar altura y tener una posición de mayor dignidad y fuerza, ella, con aparente tranquilidad y sosiego, me invita a proseguir lo iniciado diciendo:

No te preocupes: es mi marido… y le gusta mirar. 

 

 

El Chispazo….

Posted in Deseos, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 3 noviembre, 2018 by Manolo Blog

Caminaban sin rumbo, deambulando de calle en calle en su última tarde en aquella ciudad… Se detuvieron ante el escaparate de una librería… Entraron. Curiosearon por el interior del local, hojeando algunos libros, mirando aquí y allá. Y de pronto, sintieron el chispazo…
____

Fue hace mucho tiempo cuando Mr. M lo sintió por primera vez… Era una sensación extraña… visceral e irracional… y muy intensa. Era como una corriente eléctrica que nacía en lo más profundo de las entrañas y que moría en su sexo… provocando, en no pocas ocasiones, una erección incontrolable. Poco a poco se fue familiarizando con la sensación… aunque sin entender ni sus causas… ni sus consecuencias. Hasta que conoció a Ms. T…

Sintió un chispazo nada más verla… y ella, al verle a él, también. Se miraron… y compartieron detalles sobre su coincidente sensación… Hablaron y hablaron… Y con las conversaciones fueron comprendiendo que el chispazo surgía cuando alguien sentía atracción sexual por ellos… Poco a poco fueron experimentando y descubriendo que el deseo sexual puede surgir de cualquier persona, sin importar edad, parentesco o sexo. Y también descubrieron que el chispazo era una señal de alerta que les permitía reconocer y descubrir a personas del entorno físico inmediato con las que podrían entablar una conexión sexual…
____

Ambos se miraron, sorprendidos, tratando de confirmar la sensación. Y no… no era una falsa alarma. Miraron a un lado y a otro, oteando el local en busca de la fuente de la que manaba aquella intensa excitación. Y la encontraron en la sección de Ficción… concretamente en la estantería de Novela Erótica.

Se acercaron y entablaron conversación con la excusa de conocer sus gustos literarios. Parecía una persona sensible y culta… y algo tímida. Les agradó, y le sugirieron proseguir la animada charla en un café…

Ms. T le ofreció una “sustancia relajante”, que aceptó agregar a su infusión de menta poleo. Hablaban distendidamente, tocando muchos palos. Ms. T halagaba su sensibilidad, pero, con sibilina astucia, llevaba las conversaciones hacia temas que hiciesen aflorar sus gustos personales, cuando no íntimos…  Mr. M., que apenas participaba en aquel diálogo, observaba desde la distancia como, poco a poco, iba desinhibiéndose y sumiéndose en una nube de confusión, aunque sin llegar a perder totalmente el control.

Las dotes de persuasión de Ms. T no permitieron un “no” por respuesta, y accedió a acompañarles a la habitación del hotel.

Subieron a la habitación. Sin mediar palabra, Ms. T le puso las manos sobre sus hombros. Con progresiva firmeza los empujó hacia abajo, hasta que cayó de rodillas. Mr. M observaba la escena, sorprendido y expectante…

Ms. T, con un leve gesto en el que mezcló un arqueo de cejas, un ligero cabeceo y una sugerente y explícita lengua humedeciendo los labios, conminó a Mr. M a desnudarse…

Mr. M se despojó, raudo, de la camisa, el pantalón, y, por último, de su boxer, dejando al descubierto su polla, que, ante la inminente llegada de placer, comenzó a endurecerse.

Con un gesto enérgico, Ms. T dirigió su cabeza hacia adelante, sujentándola por el pelo… Y ya sin otra opción ante la envergadura de aquel miembro sino abrir bien la boca, se dejó llevar…

Aquí… y ahora (fin)

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Tempestad on 6 julio, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Gema)

Conozco a Icíar desde que éramos niñas, y aunque hemos tenido épocas con menos relación, especialmente después de mi maternidad, lo cierto es que siempre hemos mantenido el contacto. Icíar siempre ha sido muy “echá p’alante” y muy pragmática a la hora de alcanzar lo que desea. Y con ese pragmatismo ha conseguido un envidiable status social, laboral y personal, asignando a su pareja, Jesús, un papel de colaborador necesario, con mucha plaza y poco mando. Pero él la adora y acepta complaciente su rol secundario, a pesar de algún que otro desliz veraniego, del que puedo dar fe…

Y la fe es lo que he perdido con David… Con los años, ha ido perdiendo pasión, vigor e interés, justo al revés que yo. Y ahora que los chicos son ya mayores, necesito recuperar el tiempo perdido, porque la vida es un momento y quiero aprovecharlo al máximo. Así que estoy en modo on, abierta a nuevas sensaciones y experiencias. Aunque, para qué engañarnos, a veces lo que necesito es algo más básico, más primario… como una mirada que me desnude, o ser seducida con una proposición indecente… o, simplemente, que un hombre de verdad me empotre, ebrio de deseo, contra la pared.

Y quiero conseguirlo, e Icíar va ayudarme…

Y su ayuda consistió en organizar una cena a la que teníamos que acudir elegantes y con la mente muy abierta. Fue allí donde conocimos a Vicky y a Tino.

Mi primera sensación al ver a Vicky, así, enfundada en ese vestido granate tan apretado y tan escotado, no fue demasiado positiva, e intento ser suave. Es más, cuando vi que Davicín baboseaba al verla caminar a su lado, empecé a considerar muy probable que se dedicase al oficio más antiguo del mundo. Con todo, era una mujer espectacular… tan alta y esbelta… y, por lo mucho que dejaba ver su escaso vestido, sin una maldita señal de grasa o celulitis.

Tino, en cambio, parecía muy elegante y equilibrado… Tenía muy buena planta y mejor percha. Y fue escuchar cómo hablaba, con calma pero sin pausas, y empezar a sentirme atraída por él.

Icíar nos invitó a que nos sentásemos a la mesa…

En cuanto lo hicimos, hizo sonar una campanilla, y, sin que hubiese reparado antes en su presencia, un hombre y una mujer, ambos de aspecto asiático, nos trajeron unos aperitivos. Icíar nos indicó que se trataba de piruletas de pistacho, crocante de maíz con guacamoles, fardos de calamar con vinagreta en su propia tinta y de bocadillos huecos de jamón ibérico. Después nos sirvieron unas exquisitas ostras acevichadas con espuma de champagne y un extraño caviar blanquecino que estaba exquisito. Por si esto no fuese poco, para el plato principal podíamos elegir entre pescado o carne. Vicky, Icíar y yo elegimos rape con habitas a la menta, y los chicos, obviamente, se decantaron por la pechuga de pato en escabeche ligero al vino y aire de limón. En cuanto a los vinos, las chicas nos tomamos un riquísimo y fresco albariño Terras Gauda del 2014, y los chicos se regocijaron con un Ribera del Duero: Pingus del 2015. Para finalizar, Marcelo y Rosa (que así se llamaban los asistentes filipinos), trajeron lo que Icíar denominó como “pequeñas locuras”: un surtido de bombones de cardomomo, crocant de chocolate, coco y frutos secos y unos deliciosos mini macarons de pistacho y mojito. En cuanto fuimos servidos, Icíar indicó a la pareja filipina que se tomasen el resto del fin de semana libre.

Ya a solas, y con los postres aún en la mesa, Jesús e Icíar se levantaron de la mesa. Jesús nos sirvió lo que yo pensaba que era cava, y que en realidad era una botella de un vino espumoso italiano: Follador Valdobbiadene Superiore. Qué soez, pensé por un momento: tanta elegancia y pijerío para acabar con semejante ordinariez. Aunque debo reconocer que el primer sorbo me convenció de lo acertada que era tal elección. Icíar también regresó al salón; traía algo en las manos: eran unos lápices de labios y 6 antifaces para dormir, supuestamente uno para cada uno de nosotros. Y sin mediar más prolegómenos, nos propuso participar en un juego.Lo primero que hizo fue situar a los chicos a un lado de la mesa. Después, les pidió que se pusiesen los antifaces. Tras cerciorarse de que ninguno veía, se acercó a nosotras y nos indicó, marcando con el dedo índice delante de los labios una señal de silencio, que nos sentásemos enfrente de quien quisiéramos: Vicky se puso delante de Jesús, y yo delante de Tino. Icíar, que aún no se había sentado, comenzó a hablar:

Seguro que sois muy detallistas y os habéis fijado mucho en vuestras chicas… Aunque también es posible que se os haya escapado alguna miradita a algún escote ajeno… ¿eh, pillines?.  Bueno, es normal: estáis con las mujeres más bellas, seductoras y atractivas del planeta, jaja.

Mientras escuchaba expectante la perorata de Icíar, aprovechaba que los chicos estaban “cegados” para examinar y deleitarme con las varoniles facciones de Tino… Por un momento pensé en la posibilidad de que podría dejarse llevar por el calor del momento para explorar con uno de sus pies el interior de mis muslos… y mi… y…  uf… con mi mente acalorada y confusa por el vino espumoso Follador… empecé a imaginar cómo sentiría dentro de mi la espuma caliente de Tino, el follador…  Y al ver que esa posibilidad podría hacerse realidad esa misma noche, una corriente eléctrica recorrió mi vientre, produciéndo una importante marejada en mi entrepierna, que humedeció al instante mis braguitas.

Icíar prosiguió con su discurso…

– Bueno, pues estos bellezones llevan, al menos, dos prendas en común… y no os hagáis los graciosillos pensando en la más obvia, ¿vale?

David señaló rápidamente la menos obvia: – sí, es un pañuelo.

– Muy bien, chico listo: tres puntos. Pues esos pañuelos están ahora delante de vosotros, en tres platos cubiertos por un cloché para que se intensifiquen las fragancias que desprenden. Lo que tenéis que hacer es adivinar, por el olor, si es, o no, el de vuestra pareja. Responderéis en silencio, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza si creeis que es de vuestra chica, y viceversa. Si os equivocáis, vuestra chica tendrá que quitarse la otra prenda que tenemos común para usarla en el siguiente reto… En ambos casos “no” se os indicará si habéis acertado o fallado, ¿de acuerdo?

Tras proporcionar las instrucciones del reto olfativo, Icíar se acomodó en el asiento que quedaba libre. No sé por qué, pero estaba segura de que Davicín no acertaría. Y así fue: levantó el cubreplato, olisqueó el pañuelo, pero me confundió con Vicky. Sin embargo, Tino y Jesús sí acertaron, o quizás tendría que decir “no se equivocaron” al concluir que ninguno de los pañuelos correspondía a su respectiva pareja. Así que fui yo la que tuve que quitarme mis aún empapadas braguitas, ponerlas en un plato y cubrirlas con un cloché para la siguiente prueba. Empecé a pensar seriamente en si no estaban compinchados todos…

 

Icíar rellenó tres copas de Follador y nos indicó -a Vicky y a mi- que se las sirviésemos al chico que teníamos enfrente. Pero antes, tendríamos que, como ellos, ponernos los antifaces. Tanteé con cuidado el borde de la mesa, y me acerqué hasta donde estaba Tino… Ahora, mis manos y mis dedos eran mis ojos… El primer contacto fue con su hombro izquierdo; después, mis dedos recorrieron el borde de su calvícula y alcanzaron su cuello… No pude evitar acariciarlo… y excitarme, sobre todo al sentir cómo se activaba su musculatura cuando, quizás por la intensidad del momento, tragó un poco de saliva. Mi mano avanzó colgando bajo su mandíbula… sintiendo los chispeantes pinchazos de su incipiente y áspera barba…  Finalmente, la ahuequé bajo su angulosa barbilla para apuntar mejor y evitar desperdiciar ni una gota del burbujeante Follador. Coloqué el borde de la copa en sus labios y la incliné levemente para que pudiese sorber su contenido. Tino bebía lentamente, sin prisa… cuando, de pronto, sentí una de sus manos reptando insolentemente bajo mi vaporosa falda hacia mi desprotegido sexo… que, en cuanto sintió el contacto de la lúbrica caricia clandestina, respondió con un húmedo torrente de impetuoso deseo.

Pero Icíar siguió con su jueguecito…

– ¿Os ha gustado? Bien… pues vamos a subir la apuesta. Chicas… sacaos el antifaz y volved a vuestros asientos. Chicos… ha habido uno de vosotros que no ha superado el reto del pañuelo. Por tanto, la prenda más íntima de su chica está ahora sobre un plato, cubierto por un cloché para preservar su aroma. Como antes, sólo podréis emplear el olfato para adivinar a quién pertenecen. Con el lápiz de labios, escribiréis la inicial de la propietaria en vuestra servilleta…  y ella planteará al que acierte, o a los que acierten, un reto que tendrá, o tendrán, que cumplir. Si no estáis seguros, podéis dejar en blanco la servilleta. Pero si falláis, tendréis que desnudaros totalmente¿Os atrevéis?

Bueno… había un tercio de posibilidades de que me toque David… e idéntica probabilidad de que me toque Tino… o Jesús… o ambos… o los tres. Pero lo que quería es que el destino… ay, mi destino, conspirase para que me tocase… Tino, naturalmente.

El primero en catar mi prenda fue mi Davicín. Y otra vez, dominado por la tentación, escribió una V. El muy ingenuo pensaría que estaba escribiendo la V de Victoria, cuando, en realidad, lo que había escrito fue la V de vencido. El siguiente fue Jesús. Retiró el cubreplatos, se inclinó hacia adelante, inspiró y, tras unos momentos de vacilación, comenzó a trazar en su servilleta una línea circular que, cuando la vi, suponía que acabaría convertida en una G. Pero, para mi asombro, cerró el círculo y lo atravesó con una línea recta, indicando con esa ø de carmín que no sabía a quién pertenecía. Tino cerraba el turno… Retiró el cloché y se acercó al plato, tanto que su nariz rozó el tejido empapado de mi braguita. Inspiró profundamente… y se echó hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de la silla. Juntó sus manos, frotándolas un poco, y las puso delante de su boca, como si estuviese rezando, en lo que podía ser un gesto normal de meditación. Pero, no. Tino no estaba reflexionando… Tino estaba oliendo los dedos que poco antes habían profanado mi sexo… para confirmar, con una enorme G de carmín, que esa prenda era la mía. Un chorreante latigazo de excitación bajó por mi entrepierna… A pesar de que hervía en mi vientre el deseo, me mantuve en silencio. Dios… ¿y ahora? ¿qué reto podría plantearle?

Y mi imaginación comenzó a volar… Quizás, podría pedirle que me acompañase a una de las habitaciones en donde degustaría el exquisito manjar que hay entre sus piernas…

O quizás, le pediría que dejase que mis manos masturbasen su polla entre mis tetas, hasta povocar que se corra sobre mi…

O, simplemente, quedarme a su merced y dejarle que haga conmigo lo que quiera…

O ya puestos, le pediría que me follase allí mismo, delante de David… y de Vicky… y de todos.

Icíar pidió a los chicos que se quitasen los antifaces para ver el resultado del reto… Tan cegada estaba con la expectativa de sentir la hombría de Tino, que no reparé en el rostro desencajado de mi pobre David, comprobando que había fallado otra vez, y que era otro el que estaba a punto de disfrutarme…

Icíar, la maestra de ceremonias, se levantó de la silla y se dirigió a mi:

Gema, hay un ganador del reto… y ahora debes exigirle que proporcione cumplida satisfacción a tus deseos.  

Después, mirando a David, le indicó:

– Pero antes de nada…. David, ya que no has superado el reto, tendrás que desnudarte… 

Y David, a regañadientes, obedeció… y fue despojándose del traje de Armani… de la corbata de tonos azules… de la camisa de botones plateados… de los pantalones… y, tras la indicación de Icíar de que el desnudo tenía que ser integral, también de sus gayumbos… 

Icíar, prosiguió con su papel de reina de la fiesta:

– Y ahora, David, ponte el antifaz. Vendrás con Vicky y conmigo a una estancia en la que te someteremos a unas pruebas que tendrás que superar…  

Por un momento, y viendo que Vicky participaría en esas pruebas, la cara de David se iluminó. Resultó algo cómico, o quizás kinky, ver a Icíar, Vicky y David desfilando por el salón, hacia la planta baja: Icíar abría la comitiva y Vicky conducía al cegado David sujentándolo por la polla.

Por fin, ya a solas con Tino (¿y Jesús? ¿dónde está Jesús?), mi calenturienta imaginación se liberó de todo freno o precaución.

No entraré en detalles de lo que hicimos Tino y yo… ya que se puede imaginar fácilmente. Y tampoco relataré qué sucedió cuando apareció el desaparecido dueño de la casa…

En cuanto a David, desconozco a qué pruebas fue sometido por las perversas Vicky e Icíar… Lo que sí sé es que ahora encuentra placer en donde antes no imaginaba que se podía encontrar…

Y esto me complace… aunque no tanto, como cuando, alguna semana que otra, recibo el escueto mensaje de Tino, o de Jesús, o de ambos… con las tres palabras que más me excitan: “aquí… y ahora”.

Fin 

 

Deseo concedido…

Posted in Deseos, Espuma, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 8 junio, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Vicky)

Tragué saliva y manteniendo mi posición apoyé la cabeza en la almohada, cerré los ojos, no quería saber quien hacía qué, quería sentir imaginar e intentar adivinar de quien era la respiración que me soplara, la mano que me acariciara, el cuerpo que me rozara, la polla que me follara….

Creo conocer bien las maneras de Tino, también su tacto y olor, pero con los ojos cerrados y con Jesús, mi imaginación seguro que hallaría dudas, dudas que desde ya mismo estaban haciendo fluir mis mieles.

Húmeda y expectante, lo primero que noto es el roce del cabello, de una de las cabezas de aquellos dos hombres en la cara interna de mi muslo derecho.

No entendí… esa cabeza debió de acomodarse un almohadón debajo, porque el suave tacto del pelo reptó hacia arriba..
y es entonces cuando una boca aprisionó mi clítoris succionándo suavemente y manteniendo la posición el tiempo necesario para que yo pensara “claro, está colocado a la inversa de como yo creía”…

…y latigazo de excitación…

Si se trata de Tino, Jesús estará como una moto y no tardará en follarme con su polla,

y si se trata de Jesús… , cualquier cosa me espero de mi Tino…


Fue mi último pensamiento, ya que a partir de ahí me nublé en un disfrute excesivo, como excesiva era la idea de compartir juegos sexuales.

La lengua comenzó a lamer mi sexo, parsimoniosa, como si de una precisa maquinaria que no sale de su ritmo se tratara…

Mi sexo iba a explotar cuando noté certero en mi ano lo que debía ser la saliva ¿de Jesús? ¿o de Tino?

¡Dios santo! seguida de un lengüetazo que no contento con saborearme procuró introducirse al máximo en mi cuerpo al tiempo que una mano asía mi pecho izquierdo y me lo manoseaba haciendo que mis pezones, ambos le señalaran que estaba en el buen camino.

La cabeza que tenía entre mis piernas fue reptando hacia arriba, yo seguía con los ojos cerrados, no quería saber y llegó a la altura de mi boca, besos lascivos al tiempo que de un empellón introdujo toda su polla en mi abultado coño.

Comenzó a moverse penetrándome sin que yo le correspondiera en los movimientos, ya que estaba atendiendo también el cambio que se había producido en mi espalda.

Dos dedos eran, los que sustituyendo a la lengua iban penetrándome cada vez que la polla que me follaba echaba para atrás.

No había sentido algo igual: no tenía que ver con juguetes ni con las artes anteriormente experimentadas. Si bien es verdad que Tino era capaz de atender varios frentes al tiempo, el hecho de saberme entre dos hombres me producía un éxtasis indescriptible, algo mental…

Ignoraba quién era quién, quería una segunda polla en mi culo… y la quería ya.

Seguía con los ojos cerrados, tan excitada, queriendo más, volando mi imaginación al tiempo que mi cuerpo. Lo que no podía saber que hace ya un rato, la puerta se había abierto de nuevo, y en la habitación en ese momento éramos cuatro…

… y la polla de Tino estaba a buen recaudo entre las cuerdas vocales de Icíar.

Vamos a divertirnos…

Posted in Deseos, Fantasías, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tentación on 8 junio, 2018 by Manolo Blog

(viene de aquí; escribe Jesús)

Icíar
propuso que fuésemos los chicos los que recibiésemos el protector
solar, para lo que debíamos  tumbarnos… boca arriba.
Para incrementar el
morbo, Vicky entró en la casa a buscar un par de corbatas de Tino, con la intención de vendarnos
los ojos, de forma que no supiésemos quién nos iba a “tocar”… aunque era más que obvio y predecible lo que iba a pasar. Así que, privado del sentido de la vista, noté como  “alguien” me aplicaba la protección
solar en el pecho… Quien fuera que fuese, esparcía suavemente el
mejunje, dejando caer sus manos hasta mis trabajados abdominales, acariciando mis marcados oblícuos (ya me gustaría que estuviesen “marcados”, jajaja) y hasta aventurándose por debajo de mi
aún empapado bañador.

Ni qué decir tiene que me estaba volviendo a poner “palote” (joder, dos veces en menos de 10 minutos). Y justo cuando empezaba a sentir que aquello iba a ir a más allí mismo, sin mediar palabra ni
permiso, “alguien” me cogió por la mano con la intención de llevarme adentro de la casa. Al levantarme, “me se calló” la corbata, por lo que por fin pude confirmar la autoría de las caricias. Miré a Icíar… que me respondió con un guiño de aprobación. Miré también a Jesús… y éste asintió con un discreto gesto a la vez que me pronunciaba un enigmático “azúcar” que sólo él y yo entendimos.   

Y así, sin más, Vicky me condujo hacia el dormitorio de invitados.

Cuando llegamos a los pies de
la cama, Vicky se detuvo… y aprovechó la ocasión para explorar otra vez bajo mi bañador… Y viendo que todo el monte era orégano, decidí meter mi mano bajo su bikini para poner en su punto su humedecido género.
Vicky puso fin a los prolegómenos sentándose en la cama. Sin
dejar de mirarme, comenzó a reptar sobre ella, de espaldas,
apoyándose en los codos. Cuando su cabeza rozó la almohada, levantó las
caderas y se quitó la parte de abajo del bikini…

Debo decir que, a pesar de ser hombre (y es por todos conocido que los hombre no sienten ni padecen y sólo piensan en follar), noté en ese excitante momento una mezcla de morbo y excitación: una casa extraña, un dormitorio que no era el nuestro, una mujer de bandera que estaba separando sus rodillas, abriéndolas de par en par, como clara invitación a un inminente placer prohibido.

Y en el preciso momento en el que estaba ya dispuesto a liarme la manta a la cabeza e iniciar el polvo clandestino, la puerta de la habitación se abrió… Era Tino…

Tino miró a Vicky, indicándole, con el sutil gesto de su dedo índice dibujando un círculo, que se diese la vuelta…. Vicky respondió con una pícara sonrisa y obedeció. Ahora Tino me miró a mi… Lo miré…. Me volvió a mirar… Arquée las cejas, dubitativo, esperando órdenes. Y al fin, bajó su bañador… permitiendo que su polla
asomase con insolente esplendor…

Y así, sin más preámbulos, nos anunció: vamos a divertirnos…