Siente… siénteme…

Posted in Brisa, Emociones, Espuma, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Tempestad on 30 septiembre, 2017 by Manolo Blog
  Shhh… no hables,
no pienses…
Sólo siente…
 
…y no te confundas
mientras mi mano tortura
con crueldad calculada tu sexo…
de arriba a abajo…
de abajo a arriba…
a veces con rabia,
agitando el deseo…
y otras con calma,
aplacando tu fuego…

Siente la humedad de mi boca…

la obscenidad de mi lengua…
el dolor con mis dientes… 
la provocación de mis labios…
de mis pezones enhiestos,
de mis vientre caliente…

del delirio perverso
que envenena mi cuerpo…

Siente mis uñas 

deslizándose sobre tu pecho…
grabando con trazos de rojo dolor
la marca de mi posesión…
de tu sometimiento… 
y de mi control.

Siente mis dedos
jugueteando entre tus piernas…
retando a tu hombría…
provocando aullidos
al traspasar las orillas
de tabúes prohibidos…

Y, ahora, siente…
y siénteme…
 

Siente en tu boca mi sexo

empapado de lujuria y pasión,
abierto como una lasciva flor
de dulce aroma embriagador
que sólo pretende tu perdición.

Agita con tus labios mi perla…
hunde tu lengua en mi sexo…
mordisquea mis pliegues…
hasta que enloquezca
sin perdón ni remedio…
 
¿Alguna pregunta?
¿Alguna duda?

(Ninguna…
Ahora relájate y disfruta…)

Inspección fiscal…

Posted in Espuma, Fantasías, Lo que me gusta... on 30 septiembre, 2017 by Manolo Blog

Sonó el timbre….

Estaba ocupado… y no pude abrir…

Volvió a sonar…

Era el cartero… siempre llaman dos veces…

Me entrega una carta certificada… de la Agencia Tributaria…

Firmo… cierro la puerta… y abro el sobre…

Es un requerimiento… un agente tributario me pide comparecer en Hacienda y aportar toda la documentación fiscal de un par de negocios que poseo correspondiente a los ejercicios 2013, 2014 y 2015…

Para mis adentros pensé… me han pillado. Si bien en la tienda trabajamos con una metodología fiscal intachable, el club es otra cosa…

___________________________________________

Llegué con media hora de antelación a la delegación de Hacienda
sita en la calle Guzmán el Bueno 139. Una vez allí, pregunté en el mostrador de información por el despacho al que me debía dirigir.

Cuarta planta, pasillo D, despacho 2. 

Primera, segunda, tercera… cuarta planta. Pasillo A… B… C… y D. Despacho 2, despacho 2… ¿despacho 2?. Pues no había despacho 2. Desconcertado (como Vincent Vega cuando escuchaba la voz de Mia Wallace pero no la encontraba), pregunté a una administrativa, que parecía muy ocupada, dónde estaba el despacho 2. Me respondió con un seco:

Espere en esa sala, que ya se le llamará.

Pues nada… a esperar se ha dicho.

Una vez allí, comencé a repasar documentos, que
llevaba agrupados en carpetas de distintos colores, y algunos archivos en el portátil. Y cada vez
que repasaba las cuentas del club de intercambio de parejas y ambiente liberal “Why not…?” -las cuales, por obvias razones de discreción y anonimato, desde un punto de vista fiscal no eran ni perfectas ni ejemplares- sentía como se apretaba un nudo en mi estómago.

De
pronto, la administrativa vociferó un sonoro:

Manuel Fernández, despacho 2, 

que provocó que mi corazón se desbocase sin control.

Abrí la
puerta, traspasé el umbral… y manteniendo la mirada fija en el suelo,
como avergonzado, entré. Una voz femenina, pero de tono grave y autoritario, me ordenó:

Siéntese, señor Fernández.

Obedecí sumisamente. Tras una enorme mesa… y con cara de pocos amigos… allí estaba la inspectora… que, por lo que pude ver en un pequeño cartel de letras doradas, se apellidaba Arrimadas; un apellido muy liberal, por cierto. Con tono altivo y algo despectivo me preguntó:

¿Ha traído la documentación requerida?

Empecé por la parte menos mala del asunto fiscal: la tienda. Busqué en la carpeta las liquidaciones trimestrales del IVA,
facturas de los gastos, las nóminas de los empleados, los recibos del
alquiler del local. Con extremo cuidado, ordené los documentos,
alineando minuciosamente los folios, y los arrastré hacia adelante hasta
el otro lado de la mesa, girándolos en el último momento para que pudiera
examinarlos mejor.

En cuanto empezó a hojear los papeles, y viendo toda
su atención se concentraba en la documentación, alcé mi mirada para ver
sus reacciones… Todo parecía ir bien… Y claro, al disminuir la
sensación de peligro, poco a poco, el foco de mi mirada comenzó a
resbalar por su anatomía… Pelo largo, cayendo sobre sus hombros;
facciones algo marcadas, quizás resultado de una intensa actividad deportiva; leve maquillaje; un generoso escote bajo el que se vislumbraban un par de
prominentes, turgentes y turbadores pechos, que a duras penas se mantenían dentro de su apretada blusa blanca…

Y así, a lo tonto, a lo tonto, jodidamente me estaba poniendo cachondo en medio de una jodida inspección fiscal…

Tras pasar un par de páginas, me preguntó con cierta brusquedad:

¿A qué se dedican sus empresas?


Modestamente respondí:

Tratamos de satisfacer a nuestros clientes en todos los sentidos… y con todos los sentidos.

Que fue replicado con un severo:

Ya veo, ya veo… , mientras blandía en su mano la factura de un
proveedor chino al que pedimos 250 Lovehoney Luxury Rabbit Vibrators.

A continuación, me pidió que justificase unos ingresos del 2015 que aparecían en la contabilidad del club como “asistencia sexual”.

Busqué
en el ordenador la información de aquel ejercicio económico… y cuando
encontré el apunte, me levanté de la silla y bordeando la mesa, me
acerqué hasta donde estaba para dejar mi ordenador justo delante de
ella.

Pensando que podría necesitar alguna aclaración adicional,
permanecí de pie al lado de su silla.

La inspectora Arrimadas, un poco extrañada, giró la
cabeza para mirarme y también quizás reprenderme por mi exceso de
confianza, con tan “mala” suerte, que su boca quedó a escasos
centímetros de mi entrepierna… que en esos momentos ya comenzaba a
tener vida propia…

(continúalo….)

La delgada línea roja…

Posted in Deseos, Lo que me gusta..., Realidades virtuales, Reflexiones on 30 septiembre, 2017 by Manolo Blog

¿En qué momento se convierte el suave vaivén de unas caderas en danza frenética de salvaje instinto animal?

¿En qué momento se convierten unos labios en dientes… y sus besos en dentelladas de placer?

¿En qué momento se transforman unas caricias en pellizcos de dolor amortiguado por la anestesia de la entrega?

¿En qué momento se sublima el leve trazo de un dedo en enrojecida marca de fuego sobre el lienzo de una piel?

¿En qué momento se profana la delicada humedad de la intimidad para ahogar a una sedienta lengua ardiente?

¿En qué momento ya no importa que el desbocado cincel del sexo horade las piedras prohibidas?

¿En qué momento se desborda el deseo en un húmedo orgasmo de fuego y lluvia?

¿En qué momento crece el murmullo de tus suspiros a gemido… el gemido a grito… y el grito a aullido de placer?

¿En qué momento comulgan dos almas en un orgasmo certero de placer compartido y dolor sin sometimiento, en el que se vive y se muere?

¿En qué momento…? ¿En qué momento…?

Justo en el preciso momento en el que descubrí que al otro lado de la delgada línea roja se escondían mis sentimientos… hacia ti…

Verga irreverente…

Posted in Deseos, Lo que me gusta..., Tempestad on 30 septiembre, 2017 by Manolo Blog

Sin dejarle tiempo para pensar,

conspiraron sus manos
en un audaz movimiento:
la diestra maniobró
desabrochando su bragueta,
para, a continuación,
aprisionar con su izquierda
el trofeo
que, insolente,
palpitaba
bajo su pantalón.
 En un lascivo bucle sin fin,
agitó el codiciado botín.
 Con guante de seda
y mano de hierro,
templaba el acero
alternando caricias,
y obscenos meneos.

Y cuando más inflamado
de gozo estaba,
la mano cesó en su empeño
y liberó a su prisionero
de aquel dulce tormento.

Apenas pudo sentir la libertad,
el convulso miembro,

pretendió posarse
en el humedal
de sus rojos labios,
ebrio de deseo.
Ante tal impertinencia, 
y sin mediar advertencia,
propinó un azote imponente
a aquella polla irreverente.

Pero no hay dolor sin placer…

Y el martirio mutó en delirio
cuando acercó su boca
a aquel desafiante sexo
para someterlo, en cruel tortura,
con sus labios y su lengua…

Bi-curious…

Posted in Sin categoría on 30 septiembre, 2017 by Manolo Blog
La curiosidad mató al gato…
… y a la gata. 

(Viene de aquí)

Siguiendo las instrucciones de Laura, el DJ comenzó a bajar el volumen de la música y a atenuar las luces. Todo quedó a oscuras y en un silencio que presagiaba una inminente sorpresa…

De pronto, comenzaron a escucharse los armoniosos arreglos de cuerda de Can’t Take My Eyes Off You, de Gloria Gaynor. Todos los allí presentes prorrumpieron en un “ohhh” que fue desvaneciéndose para dar paso a una sentida ovación cuando la luz de un foco iluminó a los anfitriones. Sabían que era la canción favorita de Maca y Jacobo, y el “guión de la celebración” indicaba que ambos debían bailar juntos para felicidad y regocijo de los invitados. Pero para desconcierto de todos ellos,  Maca empujó a Silvia hacia los brazos de Jacobo. Este, extrañado, miró a Maca arqueando las cejas y separando las manos, intentando buscar una aclaración ante esa insólita acción. Maca, perfectamente consciente de lo que hacía, manifestó su conformidad asintiendo con la cabeza, por lo que Jacobo rodeó con su brazo la cadera de Silvia y ambos comenzaron a bailar.

Sin ser unos maestros en bailes de salón, Silvia y Jacobo comenzaron a encadenar balanceos y vaivenes… enlazados con sueltas de manos que, tras un acompasado giro, volvían a unirse con gran precisión. Maca observaba a la pareja con una mezcla de maldad y celos… Le ponía muy cachonda ver el cuerpo de su amiga restregándose al de su marido… de forma parecida a como lo había restregado al de ella, muchos años antes, en Ibiza.

Verano del 1995, sábado noche en Ibiza… En todas las discotecas sonaba, obviamente, el Saturday Night, de Whigfield. Y al igual que en el video del bombazo veraniego, Silvia y Maca estaban en su apartamento preparándose para salir. Tras un día de cala, bronceado, chapuzones, mojitos y cita con unos chicos muy majos de Barcelona, ambas procedieron al obligado paso por la ducha para eliminar el salitre de sus cuerpos. Aunque no había un expreso acuerdo previo, la muy resuelta Maca siempre se duchaba primero, para dar paso, después a la más pasiva y obediente Silvia.



Maca salió de la ducha y se sentó en la cama para peinarse. Era el turno de Silvia… Apenas sí habían pasado unos segundos, cuando Silvia salió del baño, desnuda y totalmente empapada, para buscar su toalla que, por descuido, había dejado sobre la cama. Al pasar al lado de Maca, ésta, al verla así, le propinó un inocente azote que provocó un leve temblor y enrojecimiento en una de sus nalgas. Silvia se volvió hacia ella con la intención de recriminarla. Pero su gesto, en lugar de conseguir la pretendida reprimenda, lo que provocó es que sus exuberantes y humedecidos pechos quedasen demasiado cerca de los ojos, manos y labios de Maca. Ésta, que nunca había tenido ningún interés o experiencia sexual con otra mujer, al ver tan cercar esos golosos reclamos, estiró una de sus manos con la intención de aprisionar, entre su pulgar e índice, uno de sus rosados pezones. Silvia permanecía extrañamente inmóvil… como tratando de mantener la compostura… aunque era muy evidente cómo su pulso y respiración se aceleraban cada vez que Maca oprimía su endurecido pezón…  Al no observar ninguna reacción negativa o de desagrado en Silvia, Maca estiró su otra mano para repetir sus suaves caricias en su otro pezón…. Finalmente, Silvia claudicó: cerró los ojos, entreabrió sus labios y echó su cabeza hacia atrás…



La actitud de entrega y, en cierta forma, de sumisión de Silvia provocó mayor excitamiento y osadía en Maca. Ésta dejó caer una de sus manos por el vientre de Silvia hasta llegar a su pubis, que en aquellos locos años 90 estaba aún cubierto por un muy poblado vello. Ahuecó la palma de la mano para adaptarla a la delicada y labiada anatomía femenina de Silvia. Sus caricias comenzaron a aumentar en intensidad y frecuencia, a la vez que el dedo índice comenzaba a hundirse entre los pliegues, cada vez más húmedos, del sexo de su amiga. Maca, que nunca había tocado un coño que fuese el suyo, sentía cierta familiaridad en la exploración del deseo de su amiga. Y es que la morfología de su sexo era muy parecida a la del suyo… la textura y el tacto, similares… y hasta la humedad que destilaba al ser acariciado, comparable. De no ser porque la vulva de Maca estaba casi totalmente rasurada, uno podría decir que ambos coños eran iguales. Por ello, tras un breve y somero razonamiento, llegó a la inapelable conclusión de que aquello que a ella le pudiese encender y excitar, también debería provocar idéntica reacción en su amiga. Así que procedió a hundir el dedo corazón en las profundidades de la vagina de Silvia… buscando la superficie granulada de su punto G… La combinación de caricias en tan erógena zona y la presión que con la palma de la mano ejercía sobre su enhiesto clítoris, provocó un torrente de orgasmos que no parecía tener fin. Maca, complacida al comprobar sus habilidades a la hora de proporcionar placer, sin mediar palabra alguna, tiró de Silvia, empujándola hacia ella, con la pericia adecuada para que ésta cayese de espaldas sobre la cama.



Maca se arrodilló en el suelo y avanzó gateando hacia el borde de la cama, del que colgaban las bronceadas piernas de su amiga. Las separó y aproximó su boca hasta las inmediaciones, pálidas por la marca del bikini, del coño de Silvia. Sin dejar de mirarla, alargó su lengua hasta rozar su endurecido y enhiesto clítoris, lo cuál provocó que Silvia, que, quizás por timidez o vergüenza, mantenía sus ojos cerrados, tensase su cuerpo y que golpease con ambos puños el colchón, mientras emitía un interminable “mmmmm” seguido de un muy sinuoso “ssssííí”



Sí… todo encajaba. Cada perversa acción de Maca tenía como contrapartida una respuesta generosa de abundante placer en Silvia. Con precisión milimétrica, comenzó a lamer el clítoris… presionándolo… meciéndolo de un lado a otro. Mmm… le encantaba notar en su lengua la dureza de aquella delicada perla. Tras las caricias linguales… procedió a chuparlo succionándolo con los labios… mientras introducía sus dedos por su propia vagina, para masturbarse, y apretaba, con su otra mano, los erizados pezones de Silvia. Maca subió la intensidad de sus acciones. Ahora ya no acariciaba ni lamía, sino que mordisqueaba aquel excitadísimo clítoris… Silvia, ebria de placer, se sumió en un interminable orgasmo que concluyó en un repentino y desbordante humedecimiento que llegó a alcanzar el mismísimo, y lascivo, rostro de Maca.



Pero justo en ese húmedo momento, sonó el teléfono… Eran los chicos de Barcelona… que, sin haberlo pretendido, estaban poniendo un impertinente final a la prohibida pasión de Silvia y Maca.

Tras el lésbico episodio Ibicenco, ambas llevaron sus vidas por los clásicos derroteros que imponían su edad y condición social, sin que hubiese mención o sugerencia algunos para repetir tales lúbricos y excitantes juegos. A pesar de ello, Maca, siempre curiosa y audaz, no dejó de albergar la esperanza de que llegase el día en el que pudiese avanzar en la exploración del placer, tomando a su amiga como conejillo de indias…

Y ese día llegó, muchos años después…

La simultánea coincidencia de la matritense festividad de la Almudena, unida a que los colegios de sus respectivos vástagos estaban situados en selectas urbanizaciones de la periferia, y la ausencia de Jacobo y Víctor por sendos viajes de trabajo, permitió que Maca y Silvia disfrutasen de “libertad” durante, casi, un día completo…



A primera hora de la mañana, quedaron en la urbanización de Maca para enfrentarse a dos amigas en un partido de paddle. La pasividad de Silvia en ciertos juegos sexuales contrastaba con su habilidad y agresividad en el pádel. Por ello, sin mucho esfuerzo, lograron doblegar a sus rivales por un cómodo 6-3, 6-2 y 6-1… Finalizado el partido, se dirigieron al chalet de Maca para cambiarse… y, como era previsible, al llegar a las inmediaciones de la ducha se refrescaron sus recuerdos y se incendiaron sus deseos.



Pero esta vez Maca estaba mejor preparada… Así, con el paso del tiempo pudo hacerse con todo un arsenal de juguetes y accesorios sexuales que, muy esporádicamente, ponía en acción junto a Jacobo… o sin él. Vibradores, plugs anales, pinzas para pezones, anillos masajeadores… y su objeto más preciado: un corsé con un arnés al que podía acoplar dildos de silicona de variados tamaños y colores.



Maca se acercó a Silvia… subió su minúscula faldita, bajó sus bragas y la empujó para tumbarla sobre la cama… boca abajo. Se acercó al armario y abrió un cajón del que extrajo varios de sus juguetes para depositarlos, ordenados, sobre el colchón… Se desnudó, se enfundó el corsé, se ajustó el arnés, y le acopló el dildo más grande de su colección… Tiró de las caderas de Silvia hacia arriba y separó sus rodillas para dejar bien expuesto y accesible su sexo que, siguiendo la absurda tendencia del porno más cutre, estaba totalmente rasurado. Aplicó lubricante al enorme dildo y, dirigiéndolo con su mano derecha, lo introdujo suavemente en el muy húmedo coño de Silvia. Por fin Maca podía dar rienda suelta a una de sus fantasías… ser ella la que la que penetrase…  la que follase… la que dominase…. la que tuviese el control…



Con cada embestida, Silvia emitía un gemido… Los primeros eran apenas audibles… pero cada vez que Maca empujaba su cuerpo hacia ella, penetrando sus carnes, los gemidos mudaban en sonoros gritos, que, de no ser porque la mano de Maca tapó su boca, a buen seguro hubieran alertado a los vecinos.



Maca disfrutaba extasiada con el excitante espectáculo de las nalgas de Silvia separándose y temblando con cada una de sus violentas acometidas… Su mutuo y armonioso placer no tenía fin: Maca dándolo.. y Silvia recibiéndolo… Pero Maca quería más… mucho más…



Y así, como quién no quiere la cosa, sus dedos comenzaron a jugar con en el fino relieve anal de Silvia. Con cada embestida, como si de la boca de un pez que quisiera respirar se tratase, el ano de Silvia se abría y cerraba. Ante tal provocación, Maca dejó caer sobre él un chorro de lubricante… e introdujo uno de sus dedos… primero el índice… y después el corazón… lo cuál provocó un súbito y húmedo orgasmo en Silvia, que dejó empapado el edredón de la cama… Los dos dedos se duplicaron dentro del dilatadísimo ano de Silvia, que continuaba sumida en una exitación sin fin… Maca también se excitó al sentir, a través de la fina capa de piel que separa el estrecho sendero de Sodoma de la vagina, la rugosa superficie del dildo con sus dedos… Poco después, y con sumo cuidado, retiró la mano para introducir el dildo… lo cuál provocó que Silvia emitiese un gutural alarido que derivó en una retahila de soeces obscenidades cuando Maca comenzó a percutir violentamente contra su cuerpo, penetrándola sin compasión…  Finalmente, Silvia, exhausta, dejó caer su cuerpo sobre la cam y giró su cabeza hacia su amiga para implorarle que pusiese fin a tan salvaje y vicioso juego.

Y ahora, en la fiesta, Silvia volvía a mirar a Maca… implorándole que volviese a poner las cosas en su sitio poniendo fin a ese ahora incómodo baile en el que ella tenía que ser la pareja.
Maca percatándose de la inconveniencia de prolongar aquella situación, avanzó hacia ellos. Silvia se apartó aliviada y Maca y Jacobo comenzaron a bailar, abrazándose y besándose…  Y entre abrazo y abrazo, y beso y beso, Maca pensó que había llegado el momento de poner fin a la fiesta para llevar a su huerto a Jacobo y así recuperar esa llamita de la pasión que la rutina y la monotonía apaga con tanta facilidad. Y nada mejor para encender esa llama que el juego…  y la provocación. Y como el recuerdo de los lascivos encuentros con Silvia estaba aún fresco, Maca pensó en que aquella noche le brindaba una buena oportunidad para recuperar los olvidados artilugios sexuales… Y pensando, pensando, pensó que el arnés podía ser la guinda perfecta para un lujuroso pastel, que tanto podían saborear ella… como él.

 

Y no fue precisamente una caricia…

Posted in Deseos, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 31 octubre, 2016 by Manolo Blog

(viene de aquí)

Anabel se dejó caer hacia atrás sobre el borde de la mesa del fondo, apoyando las manos para sostenerse. Sedienta e impaciente, giró la cabeza tratando de averiguar si Cosme había conseguido ya su Cosmopolitan. Pero, desafortunadamente, entre el calor de aquella noche de septiembre y la exasperante lentitud del bartender a la hora de satisfacer las demandas de los sedientos invitados, su encargo seguía en “cola de espera”…  Cuando volvió su cabeza, se encontró, casi de bruces, con el rostro angulado, y la mirada libidinosa de Javier.

A Anabel no le apetecía nada de nada conversar con Javier… sobre todo estando tan cerca Cosme. Y es que de todos era bien conocido lo pesado, bocazas y gilipollas que era, y es, especialmente tras haber ingerido alcohol y otras sustancias prohibidas. Pero para infortunio de Anabel, y a pesar del claro gesto de desaprobación con el que lo recibió, Javier comenzó a charlar con ella.

Javier no era un dechado de virtudes en cuanto a la oratoria o las artes de seducción se refiere. Comenzó su babosa perorata alabando el buen aspecto de Anabel, y lo guapa que estaba, y la sonrisa de sus “labios de fresa“, y “ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca“, y “no sé qué tienen tus ojitos que me vuelven loco“, todo esto sin dejar de perder detalle de las rebosantes redondeces que asomaban sobre su generoso escote. Tras agotar su escaso y poco original repertorio de requiebros y piropos, condujo a conversación hacia tiempos pasados, y al igual que el Cifu en “20 de abril“, quiso que Anabel recordase “las risas que nos hacíamos antes todos juntos“, concretando ese “antes” en el ya antes mencionado verano escurialense del 92.

Anabel se estremeció al recordar aquel olímpico verano, mientras, casualmente, el DJ provocaba el batir de palmas de los invitados al pinchar el Amics per Sempre de Los Manolos. Un par de desengaños consecutivos, el final de ciclo que suponía llegar a la treintena, y una desaforada pulsión sexual la llevaron a querer experimentar y disfrutar de todos los placeres carnales, fraternales incluidos. Y así, tras la morbosa experiencia con su propio hermano, puso a prueba las habilidades sexuales de los hermanos Javier y Juan, tanto por separado… como juntos… y revueltos.

 

Pero lo que en el pasado fueron divertidas y morbosas experiencias, ahora resultaban muy incómodos recuerdos y realidades. Así, por ejemplo, tras el desliz con Jacobo, Anabel empezó a sentir celos de las parejas de su hermano, celos que alcanzaron la máxima cota con la que hoy era su cuñada, Maca. En cuanto a Javier, de éste sólo recordaba su insulso y vacío penecentrismo y su peligrosa querencia por el sadismo, la dominación y el sexo violento, no siempre consentidos. 

 

Visto el percal, Anabel decidió parar los pies al lanzado Javier. Sin embargo, éste no estaba dispuesto a aceptar un no de alguien que, en cierta forma, y dentro de su estúpida lógica javierana, había sido “suya”…
 

El pesado de Javier subió un grado el nivel de su insistente acoso y derribo; y ahora
ya no con aduladores requiebros o lisonjeros piropos, sino con
proposiciones deshonestas tan directas y explícitas como el desagrado
que producía en Anabel el escucharlas.
Una de ellas fue proponerle que buscase una excusa para acompañarle esa noche a su casa, donde podría administrarle una (según él) “merecida” lección de disciplina y sumisión en una muy equipada mazmorra que tenía en su sótano. 

Anabel, visiblemente contrariada, le dijo que no siguiese molestándola… y que buscase entre las invitadas a una “perra” que quisiera ser adiestrada, mientras maliciosamente dirigía con su mirada la de Javier hacia Macarena, la cual, como se comentó anteriormente, cotorreaba alegremente con Silvia.

Pero Javier, que ya estaba muy, muy verraco, no atendió a la maliciosa sugerencia de Anabel; ni a las indicaciones de Laura al DJ para que éste detuviese la música para dar paso a una sorpresa para Jacobo y Maca; ni tampoco advirtió la proximidad de Cosme, que ya había regresado de la mesa del bartender portando el ansiado Cosmopolitan en una de sus manos. Y así, haciendo merecido honor a su título de bocazas mayor del reino, Javier quemó toda sus naves con un perfectamente audible:

Anabel, esta noche, tarde o temprano, te voy a follar…

Y mientras se desvanecían en el repentinamente silencioso salón los ecos de su “… te voy a follar“, “… voy a follar“, “… a follar“, Javier sintió un repentino e intensísimo dolor testicular.

Miró hacia su dolorida entrepierna y comprobó como sus huevos eran estrujados sin piedad por una mano tosca y peluda, unida a un antebrazo aún más tosco y peludo, tatuado con una pica, un arcabuz y una alabarda sobre las que había una calavera, siniestramente sonriente, cubierta con un chapiri. Ese antebrazo pertenecía a Cosme… a Cosme Nabazo, antiguo sargento caballero legionario del Tercio “Gran Capitán”, y veterano en la infame guerra de Bosnia.



Sin apenas inmutarse, Cosme extendió la mano en la que portaba el Cosmopolitan con el fin de entregarlo a Anabel, y, sin dejar de mirar el rostro desencajado de Javier, que se retorcía de dolor cada vez que el sargento legionario aumentaba la presión sobre las ya muy maltrechas gónadas javerianas, le respondió con un:

Anda con cuidadito, gilipollas, a ver si el que te va a follar esta noche, soy yo.

Hermanos de leche…

Posted in Espuma, Fantasías, Realidades virtuales, Tempestad on 27 agosto, 2016 by Manolo Blog

(viene de aquí)

La fiesta estaba resultando muy divertida para todos los invitados y, especialmente, para Jacobo, el agasajado. Hacía tanto tiempo que no veía a alguno de sus amigos, y eran tantas las ganas de recordar los buenos momentos pasados, que le resultaba difícil contener la efusividad en los reencuentros. Entre abrazos, risas y sonrisas, todos los invitados pasaban por el photo-call para inmortalizar el momento, no sin antes ataviarse con coloridas pelucas, enormes gafas y brillantes sombreros…

Mientras, su hermana Anabel y su acompañante, Cosme, contemplaban la jubilosa escena desde la esquina del salón adyacente a la mesa en la que el bartender preparaba, con esmero y dedicación, múltiples y variados combinados. El calor de aquella noche de septiembre, unido a esos otros calores que una mujer madura siente ascender entre sus piernas al recordar algunas pasiones con alguno de los allí presentes, aceleraban el ritmo al que Anabel iba consumiendo sus Cosmopolitan con Grey Goose. Apuró el contenido de la copa martini y, no sin algo de desprecio, se dirigió a Cosme pidiéndole que se acercase a la muy congestionada zona del bartender para que le preparasen otro “Cosmo”.

Anabel no sentía ninguna atracción física por Cosme. Su aspecto viejuno, su bigotillo sazatornilesco y su jersey sobrehombrero de otros tiempos le causaban repulsión, aunque su repleta cartera hacía que las penas, con pan y pene, fuesen menos dolorosas… Mientras Cosme avanzaba posiciones lentamente en la atestada cola del bartender, Anabel oteó el horizonte. Vio a su hermano Jacobo feliz y excitado, deambulando ataviado con un sombrero pirata de uno a otro confín del salón. También alcanzó a ver a su, para ella repelente y odiosa, cuñada Maca cotorreando animadamente con su insípida amiga Silvia. Pero, finalmente, por esos quiebros que a veces depara el destino, su mirada se cruzó con la viciosa, y a esas horas ya algo vidriosa, mirada de Javier.

Javier siempre fue un caso perdido. Su padre, un acaudalado industrial de Villaviciosa de Odón, luchó lo indecible por sacarlo adelante matriculándolo en los mejores colegios de Madrid, pero Javier, al igual que su hermano pequeño Juan, atesoraba en idéntica proporción indolencia, vagancia, y amor por la dolce vita y el dolce far niente. Harto de malgastar tiempo, esfuerzo y dinero, cuando Javier cumplió 22 y Juan 18, papá les cedió una finca en El Guijo, con su yeguada y salón para eventos, con la que pudieran sostener su elevado nivel de vida y de vicios, farloperos incluidos.

Pero Javier y el trabajo, como el agua y el aceite, se sabían incompatibles, y en lugar de atender a la hacienda, atendía a todo aquello que le proporcionase placer inmediato. Y aquel verano tórrido verano del olímpico 92, lo más excitante eran las fiestas que Jacobo organizaba en el chalet que sus, en aquellas fechas ausentes, padres tenían en El Escorial. Allí estaban todos: Javier, Jacobo, Jorge, Juan y Jero, las 5 jotas, todos ellos chavalotes de cuerpos atléticos y bien formados, tumbados al sol o zambulléndose en la piscina tras arriesgadas piruetas estimuladas por la ingesta de una notable cantidad de cervezas y quien sabe si de otras cosas.

Aquella tarde también estaba allí Anabel, con su recién estrenada treintena… tratando de broncearse rápidamente para tener un tono adecuado para las ya inminentes vacaciones ibicencas. Ante el jolgorio y algarabía de los chicos, y las constantes salpicaduras, se levantó de la tumbona y subió a su habitación, no sin antes ser impertinentemente piropeada y silbada por la hormonada muchachada.

Una vez allí, Anabel comenzó a observarles furtivamente tras las cortinas de su habitación, mientras acariciaba con precisión quirúrgica uno de sus enhiestos pezones y su, en aquel momento muy excitado, clítoris… Y entre caricia y jadeo imaginaba a alguno de aquellos jovencitos follándola, empotrándola violentamente contra la pared… Pensó en Jorge… y se excitó. Pensó en Jero… y se excitó aún más. Imaginó a los hermanos Javier y Juan penetrándola salvajemente por delante y por detrás… y su bikini se empapó. Mmm… y hablando de hermanos, aún le faltaba poner la guinda más prohibida y morbosa en su lujurioso pastel…

Pero cuando ya estaba a punto de correrse, notó que alguien subía por las escaleras. Intentó asomarse a la ventana para echar un vistazo rápido a la piscina y saber quién podía ser. Descartó a Jorge, a Juan y a Jero, pues estaban tumbados, junto a sus cervezas. Quien fuera que fuese se detuvo ante la puerta. Anabel contuvo la respiración, y se dejó caer lenta y silenciosamente en la butaca, mientras su corazón y su sexo palpitaban al unísono… Tras unos movimientos que no supo identificar, y el sonido de algo elástico y empapado cayendo al suelo, de pronto, la puerta de la habitación se abrió, y una hermosa, y quizás también algo familiar, polla apareció ante sus ojos… y sus labios…